Nunca creí en el supuesto carácter profético de la literatura y el cine de ficción científica. Por el contrario, siempre me pareció que la llamada literatura de ficción científica con sus utopías y distopías, sus catástrofes climáticas con tremendos terremotos y arrasadores tsunamis, sus apocalípticas visiones de aniquiladoras guerras nucleares, sus remotas conquistas espaciales para colonizar lejanos mundos de nuestro sistema solar y de otros sistemas planetarios distintos del nuestro, sus contactos con civilizaciones alienígenas, sus viajes en el tiempo, sus mundos paralelos, sus sociedades tecnocráticas, sus dictaduras mundiales, los virus de diseño para provocar descontroladas pandemias, es una manera de exponer la agenda secreta de la élite global sin correr el riesgo de ser considerados como «conspiranoicos». Al igual que en el cuento de Edgar Allan Poe, The Purloined Letter [«La Carta Robada»] (1844), a la élite global le encanta poner en evidencia sus planes a la vista de quien quiera verlos, pero ocultos ante los ojos de aquellos que, parafraseando el tradicional proverbio chino, cuando el sabio les señala la luna, se quedan mirando el dedo.
Nada más peligroso que un animal asustado. El miedo lo vuelve agresivo. Como sabe cualquier etólogo, zoólogo o veterinario, el miedo es la respuesta normal de autoprotección que pone de manifiesto cualquier animal ante situaciones que son percibidas como amenazas para él. Cualquier dueño de un animal doméstico sabe, por experiencia, que el miedo es el responsable de una agresividad muy peligrosa cuando el animal percibe o entiende que su supervivencia está en peligro. La agresividad es una respuesta que cualquier ser vivo ofrece en situaciones que suponen una amenaza —o que son percibidas como tal— o peligro como consecuencia de un estímulo que lo desencadena. La simple idea de morir perturba a cualquiera pero, cuando esa perturbación se transforma en una obsesión y la percepción de la muerte como una amenaza constante hace que algunos individuos, en su afán de aferrarse a la vida o de sobrevivir, se cuiden en exceso y vean en cualquier persona enferma o en un médico, una enfermera, un farmacéutico o cualquier especialista que trabaje como personal de la salud y tenga trato constante con enfermos aumenta el miedo y, por ende, la peligrosidad de quienes temen morir.
La actual pandemia de covid-19 (acrónimo del inglés coronavirus disease 2019) saca, en algunas personas, lo peor de sí mismos, hace aparecer al animal asustado que se vuelve peligrosamente agresivo incluso contra aquellos que, eventualmente, podrían asistirlo en alguna emergencia o salvarle la vida. La prensa informa a diario sobre la enorme cantidad de víctimas de la pandemia y esa información aumenta en algunos el miedo a morir y, por lo mismo, eleva la cota de peligrosidad en sus conductas agresivas. Por ejemplo, en Villa Crespo y Belgrano, un joven llamado Fernando Gaitán de 31 años, quien estudia para ser enfermero y sale todos los días porque trabaja en una farmacia, encontró un mensaje de sus vecinos pegado en el ascensor que dice: «Si sos médico, enfermero, farmacéutica o te dedicás a la salud, andate del edificio que nos vas a contagiar a todos hdp. Tus vecinos». Este es el mejor ejemplo del animal asustado, el animal que instintivamente se aferra a la vida y que al percibir el trabajo de su vecino con pacientes o con posibles contaminados por el virus, reacciona con peligrosa agresividad porque lo entiende como una amenaza latente. Lo que esta pandemia desnuda en algunos es la irracionalidad de su miedo animal. Un miedo animal que los deshumaniza, los atemoriza y los inmoviliza, su irracionalidad los vuelve parte de la fauna salvaje y no de la sociedad civilizada.
Hoy me vi obligado a salir para ir a la farmacia para buscar medicamentos que necesito por un tratamiento prolongado y, de paso, comprar, como todos los años a comienzos de abril, vitaminas C. Como alérgico, intento reforzar mis defensas, por una rinitis alérgica crónica. Para los alérgicos la Vitamina C es necesaria para mejorar la respuesta del sistema inmunitario. Las vitaminas están en falta, no se sabe cuándo podrán ser repuestas. Hay quienes, sin necesidad, solo por miedo a morir, han acaparado vitaminas, como han acumulado botellas de alcohol en gel, botellas de alcohol etílico, lavandina, y otros productos de limpieza o almacenado todos los alimentos que han podido comprar. Esta conducta nace del miedo animal a la muerte, a la necesidad del ente a proveerse para la supervivencia.
En los últimos años ha habido una explosión del número de multimillonarios filántropos. El mejor ejemplo es «The Giving Pledge», una iniciativa de Bill Gates y Warren Buffett a la cual se han adherido 216 personas con el compromiso de donar gran parte de sus propios activos con fines benéficos. Solo el 18% del total de las donaciones se destina a organizaciones que operan en el campo, mientras que la mayor parte del dinero, el 82% termina en fundaciones familiares privadas. Las fundaciones disfrutan de generosas ventajas fiscales, «Por cada dólar invertido en su propia fundación privada, el multimillonario recupera hasta 74 centavos en exenciones fiscales». Para optar a estas ventajas, solo tienen una obligación: invertir al menos el 5% de su presupuesto cada año en obras benéficas. El 95% restante puede conservarse en las arcas de la fundación, lo que las convierte de facto, en fondos de ahorro e inversión. Se estima que a la fecha hay aparcados más de 1200 millones de dólares en fondos fiduciarios de este tipo. La fundación Bill & Melinda Gates es la principal fuente de financiamiento de la Organización Mundial de Salud, OMS, lo que trae como consecuencia su influencia en la agenda de la OMS y le permite determinar las políticas sanitarias a seguir a nivel global. Siguiendo el rastro del dinero de esta falsa filantropía, se observa como las personas más ricas del mundo participan en un juego de poder, donde el dinero es un vector de peso ante la toma de decisiones de las políticas públicas.