Luis Alberto Vittor | El Genocidio Invisible: El aborto legal como programa biopolítico de la eugenesia social para América Latina
360º
martes, 28 de diciembre de 2021
El 29 de diciembre de 2021 se cumplió un año de la aprobación de la Ley 27.610 que estableció el derecho a la «Interrupción Voluntaria Y Legal Del Embarazo» (IVE/ILE), en Argentina. Los sectores proabortistas celebraron la sanción de la ley de «Interrupción Voluntaria del Embarazo» como «un acto de justicia social que implica un salto cualitativo en la construcción de una sociedad más igualitaria», según Mariela Belski, Directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina. La llamada Ley IVE que entró en vigor el 24 de enero de 2021, regula el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo y a la atención postaborto para las mujeres y adolescentes, con el fin de «reducir la morbilidad y mortalidad prevenible», hasta la semana 14 de gestación inclusive sin motivos, o si el embarazo es consecuencia de una violación o pone en peligro la vida o la salud de la mujer. En realidad, la despenalización del aborto terapéutico reservado para aquellos casos en los que la mujer necesita el procedimiento por razones de salud, ya estaba consagrado como ley desde hace cien años. El aborto terapéutico está legalizado en nuestro país desde 1921 y para los casos específicos por violación también están contemplados en el código penal argentino en su artículo 85, incisos 1 y 2, ampliado en 2012. Lo que la nueva ley 27.610 propone despenalizar son los abortos inducidos o provocados para aquellos casos de embarazos no planeados y que la mujer, por decisión personal o por pedido de su pareja, no desea continuar y acude a clínicas o médicos clandestinos para interrumpirlo en condiciones de inseguridad.
El camino hacia la despenalización del aborto se inició en la mañana del 14 de junio de 2018 cuando, tras una larga sesión de 22 horas, los diputados votaron a favor del proyecto de ley para despenalizar el aborto. El resultado fue 129 a favor, 125 en contra y 1 abstención. Así se consiguió la media sanción. Para «reducir la morbilidad y mortalidad prevenible», hasta la semana 14 de gestación, en este año se distribuyeron 46.283 tratamientos de misoprostol [18.560 en 2020] para garantizar interrupciones seguras con medicamentos, y la línea de atención del Ministerio para consultas sobre la interrupción del embarazo recibió 19.000 llamadas, mientras que entre 2010 y 2020, previo a la implementación de la ley, fueron 17.302.No analizaré las motivaciones políticas ni los aprovechamientos ideológicos o aun los intereses multinacionales que se mueven detrás de esta campaña de despenalización del aborto en nuestro país, me interesa mucho más detenerme en los argumentos que entonces los abortistas han utilizado como caballito de batalla para justificar la necesidad de que se apruebe la ley de despenalización del aborto.
Comencemos por el argumento de «reducir la morbilidad y mortalidad prevenible». Se supone que las complicaciones rara vez se presentan si la mujer se somete a un aborto quirúrgico legal realizado en un centro médico apropiado. Los riesgos de mortalidad para la mujer disminuyen y luego del aborto puede recuperarse sin complicaciones físicas de ningún tipo. ¿Es el aborto legal más seguro que el aborto ilegal? Los riesgos de un aborto quirúrgico, sea legal o ilegal, aumentan a medida que la mujer avanza a lo largo de su embarazo. El aborto legal mata como el aborto ilegal. El argumento que sostiene que la permisión del aborto legal soluciona o mejora la situación en materia de Salud Pública, disminuyendo la mortandad materna es una falacia sostenida por el pensamiento eugenésico de los abortistas neomalthusianos, cualquiera sea su signo ideológico o pertenencia a un partido político. El debate en la cámara de diputados en 2018 demostró que la cuestión de la despenalización del aborto para embarazos no deseados no tiene color político ni bandería partidaria. ¿Por qué el argumento que sostiene que el aborto legal disminuirá la mortandad materna es una falacia? En primer lugar, porque la legalidad del aborto no asegura que la mujer no sufra las mismas consecuencias de desangrado y fallecimiento como en los casos de muertes por aborto ilegal o clandestino. Lo que permite la legalización del aborto para embarazos no deseados o planeados es que deje de existir una práctica clandestina, que no es poca cosa, pero eso la legalidad del aborto no asegura que la mujer no muera durante la práctica médica.
Veamos un ejemplo cercano. En el año 2015 se practicó un aborto legal en el hospital de Esquel que cobró dos vida: la de la joven madre, Keila Jones, una adolescente de 17 años y su bebé. A Keila Jones se le hizo un aborto mediante un protocolo de «Aborto No Punible», vale decir, legalmente permitido. Keila Jones murió por el misoprostol suministrado por la Dra. Estrella Perramón, médica generalista. Keyla Jones tenía siete semanas de embarazo cuando solicitó una interrupción legal por causas que se mantienen en reserva frente a la delicadeza del caso. El pedido fue respondido por una trabajadora social y la doctora María Estrella Perramón quien le suministró misoprostol. La joven no reaccionó de la manera esperada, presentaba fuertes dolores y hemorragia que la doctora consideró «una menstruación fuerte», con un cuadro agravado la jovencita fue trasladada al Hospital de Esquel donde se informó a los padres que habría sufrido un aborto. En las investigaciones preliminares del caso, desarrolladas por la Fiscalía de Esquel se determinó «a partir del certificado de muerte de Keyla, que su muerte se produjo como consecuencia del proceso incompleto del aborto, al no haber retirado (previa determinación o exploración), los restos del embarazo dentro del útero, que generaron un cuadro de shock séptico refractario que provocó la muerte de la joven, el 6 de diciembre de 2015, a las 16:40 horas, en el Hospital Zonal de Esquel». Como resultado de esta investigación, la Dra. Estrella Parramón, que practicó un aborto legal, fue llevada a juicio y acusada bajo la calificación legal de «Aborto practicado por un médico, abusando de su ciencia o arte, con el consentimiento de la mujer, seguido de muerte». El aborto legal sólo cambia de manos al responsable directo de las muertes por aborto inducido ilegalmente.
En segundo lugar, el argumento que recomienda el uso de misoprostol como un abortivo seguro. El misoprostol no es en absoluto seguro, el caso de Keyla Jones, lo demuestra. Es una droga que no fue diseñada como abortiva sino que es su efecto secundario y que está en retroceso en el mundo. El misoprostol es un análogo semisintético de la prostaglandina E1 (PGE1), utilizado para la prevención y tratamiento de las úlceras gástricas y duodenales, en particular las secundarias al empleo por lapsos prolongados de tiempo de fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como el ibuprofeno, el naproxeno o el aceclofenaco. Sin embargo, el Manual que distribuye la Campaña por el Aborto legal, seguro y gratuito, informa que su administración por vía vaginal es recomendable y no tiene efectos adversos. Keila Jones murió precisamente por la administración de misoprostol. No está probado que el misoprostol sea una droga segura. De hecho, la Agencia Nacional de Seguridad de los Medicamentos francesa prohibió terminantemente dicha aplicación en 2005, especialmente combinada con la mifepristona ya que el riesgo de sepsis se vuelve altísimo.
El tercer lugar, analicemos la falacia de que el aborto legal disminuirá la mortandad materna. Tomemos como referencia los casos de mortandad materna por aborto legal en las dos de las principales potencias mundiales: Rusia y Estados Unidos. Ambos países —que hace años que legalizaron el aborto— tienen los mayores índices de mortandad materna. Rusia, pionera en la legalización del aborto desde 1920, es el mejor ejemplo de que el aborto legal no disminuye ni evita la mortandad materna. Solo en San Petersburgo, según un informe de la OMS, la septicemia y las hemorragias fueron las principales causas de las defunciones obstétricas directas. De las defunciones totales por septicemia, el 63,8% se debieron a abortos, mientras que el 50% de las defunciones por hemorragia se debieron a embarazos ectópicos. El aborto en Estados Unidos, referido al aborto inducido o interrupción voluntaria del embarazo, es legal en todos los estados de Estados Unidos desde la sentencia de la Corte Suprema en el «Caso Roe contra Wade», el 22 de enero de 1973. Se suponía que con el aborto legal disminuiría sensiblemente la mortandad materna. Según el informe «UNC Study Shows Enormity of Abortion’s Impact on Public Health, Minorites» (2009) del Dr. Randall K. O’Bannon, Director del National Right to Life News Today, en Estados Unidos, el aborto es la causa mayor de muerte en los Estados Unidos. Una estadística comparativa con las dos causas principales de muerte en Estados Unidos, las enfermedades cardíacas y las cancerígenas, demuestra que, hasta 2009, las muertes por aborto superan a las otras dos causas. Las enfermedades cardíacas sumaron 599,413 muertes y las cancerígenas, 567,628 muertes. Las muertes por aborto sumaron 1.152.000 de fallecimientos.
Sin embargo, estas cifras son incomparables con la escalofriante cifra de niños abortados que, según las estadísticas, nos ponen ante el mayor genocidio de la historia. El aborto es un genocidio invisible que ha cobrado millones de víctimas. En otro informe del National Right to Life Committee (NRLC), «Estadísticas Aborto: datos de Estados Unidos y Tendencias» (2011), el Dr. Randall K. O'Bannon explica que se han producido 54.559.615 de abortos desde 1973 hasta 2011. El Dr. Randall K. O'Bannon obtuvo las cifras de su informe de la base de los datos de los Centros para el Control de Enfermedades y de la organización proabortista Instituto Guttmacher que recibe directamente la información de los centros que hacen abortos. Guttmacher es la principal fuente para conocer las cifras más actuales, ya que los Centros para el Control de Enfermedades nunca han tabulado números exactos de abortos. Todos estos datos permiten realizar una estimación reciente del número abortos, cifrados en 55.772.015 niños no nacidos eliminados antes de su alumbramiento, por cualquier motivo y en cualquier momento de su gestación. Esto significa, aproximadamente, un aborto cada 30 segundos en los Estados Unidos, o lo que es lo mimo más de 3.300 abortos diarios y 137 abortos cada hora, según informa LifeNews.
Recordemos que en Estados Unidos, se legalizó el aborto desde que el «Caso Roe vs. Wade» donde la Corte Suprema implantó el aborto «a petición» en todos los meses del embarazo, hace ahora 45 años. Roe, fue el nombre utilizado por Norma McCorvey, quien había alegado que había sido violada por una pandilla y estaba embarazada. Las abogadas abortistas, Sarah Weddington y Linda Coffee, recién graduadas de la Facultad de Leyes de la Universidad de Texas, buscaban un caso así para poder impulsar una ley de despenalización del aborto para derogar la ley que desde hacía cien años prohibía el aborto en Texas. Convencieron a Norma de que debería abortar en vez de dar a su bebé en adopción. Si bien el «Caso Roe vs. Wade» legalizó el aborto en 1973, en la misma fecha «Doe contra Bolton» permitió el aborto a petición durante los nueve meses de embarazo. En 1987, Norma McCorvey confesó la verdad. No había sido violada y el padre de su hijo era una persona a la que conocía y había pensado que quería. El relato de los pandilleros que la violaron fue una mentira urdida por las dos abogadas abortistas. Ese engaño perpetrado por dos abogadas feministas abortistas es la causa directa de la eliminación de 55.772.015 de niños. Sin embargo, estas genocidas jamás fueron enjuiciadas ni condenadas por sus crímenes contra la infancia.
Según datos oficiales, anualmente en Rusia se producen 700.000 abortos, aunque las cifras no oficiales de las ONG’s hablan de más de cinco millones anuales. Estos datos solamente toman en cuenta los últimos años. Rusia ha legalizado el aborto desde 1920, desde ese año a la fecha, la cifra de niños abortados es multimillonaria. Según la legislación vigente en Rusia, el aborto es libre y gratuito hasta las 12 semanas de la gestación, y sólo está sujeto «a la voluntad de la mujer». De acuerdo con las estadísticas oficiales, las mujeres rusas se someten a una media de dos abortos a lo largo de su vida, mientras que un 20 % de las parejas son incapaces de tener hijos debido a abortos mal practicados. En años posteriores a la desintegración de la Unión Soviética, el número de abortos llegó a superar la cifra de natalidad, así, por ejemplo, en 2004, unos 1,6 millones de mujeres rusas optaron por el aborto frente a 1,5 millones que decidieron dar a luz. El Comité de Sanidad de la Duma de la Federación Rusa propuso en 2013 un proyecto de ley para eliminar el aborto de la lista de servicios médicos gratuitos. En 2016, varios colectivos sociales, artísticos, políticos y religiosos piden que el aborto deje de ser legal. Rusia que fue pionera en la legalización del aborto, pide ahora su prohibición total.
En la India, el aborto inducido o interrupción voluntaria del embarazo es libre, a petición de la mujer y es legal hasta las 20 semanas de gestación desde el año 1971. La práctica del aborto inducido debe hacerse por médicos cualificados, en condiciones sanitarias idóneas, y siempre en clínicas autorizadas o en hospitales públicos. La legislación que autoriza la interrupción voluntaria del embarazo (Ley de Interrupción Médica del Embarazo - en inglés Medical Termination of Pregnancy, Act No. 34) fue promulgada por el Parlamento de la India el 10 de agosto de 1971. La Ley entró en vigor el 1 de abril de 1972 y ha sido modificada una sola vez, en 1975. En la India se prefiere recomendar el aborto a combatir los abusos sexuales contra las adolescentes pobres. Solo en 2015, en India se abortaron 15,6 millones de bebés. Las cifras oficiales solo recogen los datos publicados por los ministerios de salud y no siempre son completos. Además, muchas organizaciones no gubernamentales que manejan otras estadísticas, insisten en que las cifras son mayores de lo que se comunica. En China, ese mismo año, se practicaron casi 8 millones de abortos (7.930.000). En Rusia, 2.287.300; en Vietnam, 1.520.000; en Estados Unidos, 1.365.700; en Ucrania, 635.600; en Bielorrusia, 496.045; en Bulgaria, 205.395; en Hungría, 194.485; en República Checa, 101.874 y en Rumanía, 88.327.
Si estas cifras no conmueven al lector, si acaso lo dejan indiferente, entonces que se prepare para recibir el fuerte impacto de esta otra estadística. Desde 1979 hasta 2016, en China se han abortado más de 450 millones de niños. 13 millones de abortos se registran cada año. Las políticas de control de la natalidad han hecho que China tenga la tasa de suicidios femeninos más alta de mundo: 590 chicas al día. No es difícil adivinar una de las causas: el número de abortos: 63.013 al día, 2.625 por hora, 43 por minuto. La política del hijo único ha tenido efectos devastadores, tanto en la salud física como psicológica de la mujer. Para tener un punto de referencia se utiliza la tasa de población de Estados Unidos, aproximadamente de 320 millones de personas. La cifra de abortos en China supera a la población de EE. UU. Según afirma el periódico oficial de China, el Diario del Pueblo en su versión en español, son 13 millones los abortos a pedido que se realizan en China, de los cuales el 62 por ciento se practican en mujeres cuyas edades están entre 20 y 29 años, la mayoría de ellas solteras. Las cifras las dio a conocer el Centro de Investigación de Tecnología bajo la Comisión Nacional de Planificación Familiar y de la Salud de China. Además, esta misma comisión indicó que entre los años 2006 y 2010 se gastó en China la astronómica cifra de 402,5 millones de dólares para distribuir anticonceptivos en todo el país. Sobre los millones de niños que mueren en China antes de nacer, Qi Rongyi, médico jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia en un hospital de Tianjin, dijo que «el número de abortos podría ser mucho más alto” ya que "estas estadísticas contienen datos de instituciones médicas registradas y no incluyen los abortos realizados en clínicas no registradas».
El aborto legal no ha disminuido la mortandad materna ni tampoco eliminado los abortos ilegales o clandestinos en Estados Unidos, Rusia y China, pero en cambio ha incrementado las cifras de niños abortados en una proporción tan dantesca que me permite afirmar que estamos ante el genocidio más atroz perpetrado contra la humanidad, el aborto, sea legal o ilegal, excepción hecha de los casos donde la mujer se ve obligada a suspender su embarazo por razones de salud o por violación, es un genocidio invisible alentado por los colectivos neomalthusianos que no tienen color político ni banderías partidarias, porque los hay de izquierda, de centro y de derecha. El aborto se usa como política de descarte de la vida humana. A comienzos del mes de enero de 2018, las Estadísticas de la Organización Mundial de la Salud estiman entre 40 millones y 50 millones de abortos en todo el mundo cada año, aunque a ciencia cierta nadie sabe exactamente cuántos bebés son abortados cada año en todo el mundo.
Se está perpetrando el mayor genocidio de toda la historia. Las cifras de los mayores genocidios o democidios reconocidos por los historiadores modernos, que palidecen si las comparamos con las cifras astronómicas de niños abortados en todo el mundo porque sus madres deciden interrumpir el embarazo porque no los desean o porque no lo han planificado. Es el mayor genocidio de la historia, un genocidio invisible porque, aunque las cifras existen y se conocen, nadie quiere verlo y, por lo mismo, nadie parece conmoverse por aquello de «ojos que no ven, corazón que no siente». No se sufre por lo que se ignora o se prefiere no saber. Bien dijo Aristóteles que «no se puede ser feliz sino al precio de cierta ignorancia». Si algo no se ve, no se sufre por ello, el corazón no siente nada, porque simplemente lo ignora. Si por cobardía, hedonismo o egoísmo preferimos no ver el genocidio que se está llevando a cabo en todo el mundo con la complicidad de políticos, activistas sociales, luego no habrá excusa para lamentarse cuando los poderosos utilicen esas mismas leyes para hacer abortos selectivos, como en la India, donde faltan 63 millones de mujeres porque las familias interrumpen el embarazo cuando saben que esperan a una niña. Desde el año 1994, la India cuenta con una ley que prohíbe (y penaliza con pena de 3 años de prisión) detectar el sexo del feto durante el embarazo. Por esta razón, se ha prohibido los estudios por ecografía para impedir que el sexo del feto sea conocido antes de su nacimiento.
El fetocidio va unido al generocidio. El aborto selectivo por sexo no es exclusivo de la India, también es más habitual en zonas donde las normas culturales valoran más a los hijos que a las hijas, sobre todo en China, Pakistán, el Cáucaso y el sureste de Europa. En todo el mundo, hay 160 millones de niñas menos a causa del aborto selectivo por sexo. Eso es algo que está afectando la sociedad humana en general. Y las feministas debieran ser las primeras en salir a protestar contra la legalización del aborto, en general, no solo por el generocidio que afecta solo al sexo femenino. Esta práctica se ha trasladado a países de Occidente donde existen importantes comunidades de inmigrantes de origen asiático. Según informó en 2016 la Dra. Anna Higgins, investigadora asociada del Instituto Lozier Charlotte, en Estados Unidos, existen comunidades de inmigrantes de origen coreano-estadounidenses y chino-americanos —incluyendo algunas comunidades indígenas originarias—, que practican el aborto selectivo, con una preferencia de niños respecto a las niñas, que puede llegar a ser mayor que en China.
La preferencia por el hijo varón y la discriminación selectiva de la niña fue una práctica abominable de los árabes preislámicos que mataban a la recién nacida. El infanticidio contra bebés del sexo femenino no es un recuerdo lejano en la historia humana, ese crimen sigue siendo un fenómeno actual. En tiempos preislámicos, denominado «Edad de la Ignorancia» (Yahiliyya), las tribus nómadas lo practicaban en la península arábiga en ocasiones de un modo especialmente cruel cuando el nacido no era varón. Aunque investigaciones recientes hace creer a algunos expertos en el mundo árabe preislámico que el recurso al infanticidio se aplicaba también a los niños varones. El carácter politeísta de los árabes pre-islámicos —contra el que se rebeló el Profeta Muhammad con todas sus fuerzas— llevaba a la creencia de que el sacrificio de los bebés calmaba a los dioses. Una de las primeras acciones del Profeta del Islam fue precisamente la erradicación de esa costumbre bárbara, denominada en árabe Al-Wa'd que consistía muchas veces en enterrar vivas a las niñas apenas nacidas. El Corán se pronuncia en contra del infanticidio por selección de sexo cuando dice: «Cuando la niña enterrada viva sea preguntada por qué crimen la mataron... sabrá cada alma el resultado de sus obras» (Surah At-Takwir 81, 8-9, 14).
La falacia argüida por los abortistas neomalthusianos que el aborto legal es un derecho que la mujer tiene sobre su propio cuerpo —derecho que nadie niega— parece no tener en cuenta que cuando decide abortar no solo está ejerciendo un derecho sobre su propio cuerpo sino sobre otro cuerpo que si bien no es visible, no ocupa lugar en un espacio visible, está localizado en el interior del cuerpo de su madre, y ninguna mujer tiene derecho de decidir sobre el cuerpo de otro ser porque no es una extirpación de un quiste o un tumor ni la remoción de un órgano que ha dejado de funcionar como una vesícula o el apéndice ni tampoco es una operación estética ni el implante de algo ajeno a ella misma. Muchas mujeres que apoyan las campañas abortistas caen bajo el engaño de sectores ideológicos de organizaciones eugenésicas y neomalthusianas, como Planned Parenthood, que aprovechan de su ignorancia o falta de educación o de asesoramiento jurídico como ocurrió con Norma McCorvey que, hoy día, arrepentida del aborto que permitió la despenalización en Estados Unidos, se ha convertido en una activista en contra del aborto. Desde el punto de vista jurídico, se define al aborto como un «feticidio» o muerte violenta dada a un feto humano. El portal jurídico Universojus.com define el feticidio en estos términos: «El feticidio no es sino el delito de aborto criminal, y no una variedad de éste; pues constituye sutileza sin trascendencia pretender distinguir entre la muerte causada al feto por móvil contra él y que la misma resulte indirectamente por el deseo de la madre o de un tercero de librar a ésta del embarazo prematuramente. Si el feto nace con vida, la muerte de él constituye infanticidio».
Aquello de que en «los países desarrollados promueven el aborto» es otra falacia argüida por los promotores de la eugenesia social. Desde la perspectiva de la bioética, es decir, de la ética basada en el conocimiento científico de un médico, Dra. Brandolino desnuda el plan de eugenesia social diseñada para países ricos en recursos como los de África y América Latina que se oculta detrás de eufemismos que llaman a las cosas por otro nombre: «En 1974, los países desarrollados iniciaron una campaña de despoblación de los países ricos en recursos como la Argentina. El informe “Implicancias del crecimiento poblacional para la seguridad de los EEUU y sus intereses de ultramar” señala que para el siglo XXI EEUU habrá consumido todos los minerales que necesita para su industria y que si los países del tercer mundo tienen un importante crecimiento poblacional tendrán su propio desarrollo industrial. Se propusieron entonces esconder las metas demográficas detrás de planes sanitarios, por eso no se habla de aborto sino de salud reproductiva, ni de promover el aborto en los jóvenes sino de educación sexual, no se dice aborto sino interrupción voluntaria del embarazo».
De manera discreta y disimulada la campaña a favor del aborto que se impulsó en Argentina para la aprobación de la Ley 27.610 oculta la posibilidad actual y futura de usar el aborto como una práctica de eugenesia social, porque es realmente un proyecto impulsado por el Neomaltusianismo como una forma de control de la población en Argentina que la Dra. Brandolino ha calificado de «suicidio demográfico»: «La Argentina es un país despoblado, con 12% de ancianos en su pirámide demográfica, con una tasa de fertilidad de 2,1, cuando para mantener la población se debe tener por lo menos 2,4 hijos por mujer. Francia, que también tiene muchos ancianos, es un país 20 veces más chico que Argentina, con una población que nos duplica, y sin embargo da un premio de 2.800 euros a la francesa que tenga un hijo; 20.000 euros en el tercer hijo y 1.000 euros por mes al niño hasta los 12 años. Esto es una política demográfica positiva. Legalizar el aborto es un suicidio demográfico y un atentado a la biología».
Margo Thomas, exfuncionaria del Banco Mundial y consultora sobre empoderamiento económico de las mujeres, parece confirmar las sospechas de la Dra. Brandolino cuando, en una visita a nuestro país en ocasión de la reunión del G20 celebrada en Buenos Aires, declaró que «Argentina tiene un 30% de pobres y debe implementar el aborto». Es bien conocida la posición oficial proaborto del Banco Mundial, y la forma de presión e imposición que ejerce en gobiernos como el argentino, dependiente en forma absoluta de los préstamos que esa institución hace a la Argentina desde marzo de 2011, para financiar los planes sociales que constituyen el único ingreso con el que pueden contar los sectores sociales menos favorecidos, los más pobres, los que están siendo expulsados del sistema productivo, aquellos a los que la acción del Estado, ya sea en forma de caridad, asistencia o promoción. La legalización del aborto en Argentina no fue el triunfo de la justicia, sino su derrota. ¿Qué triunfo puede haber en la condena a muerte de niños inocentes de todo crimen? Si no pidieron nacer, solo porque sus madres no lo tuvieron en sus planes, tampoco piden morir. Es uno de los crímenes más crueles porque se perpetra contra seres que aún no tienen capacidad para decidir, no tienen voz ni voto, no existen, son invisibles, aun no tienen nombre, pero son seres humanos, como tales, tienen el derecho universal a la vida. Se denomine «feticidio» a la muerte del feto por aborto o «generocidio» a la muerte del feto por sexo selectivo, por lo general, niñas, el aborto es siempre un «genocidio» porque implica una matanza de seres humanos generalizada, o sea, no hay distinción ni discriminación alguna de género y tiene la misión de eliminarlos de la faz de la tierra, no permitiéndoles nacer. Por este nivel de daño que plantea a millones de niños que han sido aniquilados y que pueden continuar siendo exterminados, la sociedad entera —ya que los legisladores y militantes políticos son ciegos—, debe abrir los ojos y ver que la aprobación en el Senado de la ley para despenalizar el aborto para los casos de niños no deseados, aunque sus madres no hayan sido víctimas de violación ni sus vidas corran peligro, será cómplice, por acción u omisión, de un Genocidio Invisible, el mayor genocidio oculto en los pliegues de la historia contemporánea.
El 29 de diciembre de 2021 se cumplió un año de la aprobación de la Ley 27.610 que estableció el derecho a la «Interrupción Voluntaria Y Legal Del Embarazo» (IVE/ILE), en Argentina. Los sectores proabortistas celebraron la sanción de la ley de «Interrupción Voluntaria del Embarazo» como «un acto de justicia social que implica un salto cualitativo en la construcción de una sociedad más igualitaria», según Mariela Belski, Directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina. La llamada Ley IVE que entró en vigor el 24 de enero de 2021, regula el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo y a la atención postaborto para las mujeres y adolescentes, con el fin de «reducir la morbilidad y mortalidad prevenible», hasta la semana 14 de gestación inclusive sin motivos, o si el embarazo es consecuencia de una violación o pone en peligro la vida o la salud de la mujer. En realidad, la despenalización del aborto terapéutico reservado para aquellos casos en los que la mujer necesita el procedimiento por razones de salud, ya estaba consagrado como ley desde hace cien años. El aborto terapéutico está legalizado en nuestro país desde 1921 y para los casos específicos por violación también están contemplados en el código penal argentino en su artículo 85, incisos 1 y 2, ampliado en 2012. Lo que la nueva ley 27.610 propone despenalizar son los abortos inducidos o provocados para aquellos casos de embarazos no planeados y que la mujer, por decisión personal o por pedido de su pareja, no desea continuar y acude a clínicas o médicos clandestinos para interrumpirlo en condiciones de inseguridad.
El camino hacia la despenalización del aborto se inició en la mañana del 14 de junio de 2018 cuando, tras una larga sesión de 22 horas, los diputados votaron a favor del proyecto de ley para despenalizar el aborto. El resultado fue 129 a favor, 125 en contra y 1 abstención. Así se consiguió la media sanción. Para «reducir la morbilidad y mortalidad prevenible», hasta la semana 14 de gestación, en este año se distribuyeron 46.283 tratamientos de misoprostol [18.560 en 2020] para garantizar interrupciones seguras con medicamentos, y la línea de atención del Ministerio para consultas sobre la interrupción del embarazo recibió 19.000 llamadas, mientras que entre 2010 y 2020, previo a la implementación de la ley, fueron 17.302.No analizaré las motivaciones políticas ni los aprovechamientos ideológicos o aun los intereses multinacionales que se mueven detrás de esta campaña de despenalización del aborto en nuestro país, me interesa mucho más detenerme en los argumentos que entonces los abortistas han utilizado como caballito de batalla para justificar la necesidad de que se apruebe la ley de despenalización del aborto.
Comencemos por el argumento de «reducir la morbilidad y mortalidad prevenible». Se supone que las complicaciones rara vez se presentan si la mujer se somete a un aborto quirúrgico legal realizado en un centro médico apropiado. Los riesgos de mortalidad para la mujer disminuyen y luego del aborto puede recuperarse sin complicaciones físicas de ningún tipo. ¿Es el aborto legal más seguro que el aborto ilegal? Los riesgos de un aborto quirúrgico, sea legal o ilegal, aumentan a medida que la mujer avanza a lo largo de su embarazo. El aborto legal mata como el aborto ilegal. El argumento que sostiene que la permisión del aborto legal soluciona o mejora la situación en materia de Salud Pública, disminuyendo la mortandad materna es una falacia sostenida por el pensamiento eugenésico de los abortistas neomalthusianos, cualquiera sea su signo ideológico o pertenencia a un partido político. El debate en la cámara de diputados en 2018 demostró que la cuestión de la despenalización del aborto para embarazos no deseados no tiene color político ni bandería partidaria. ¿Por qué el argumento que sostiene que el aborto legal disminuirá la mortandad materna es una falacia? En primer lugar, porque la legalidad del aborto no asegura que la mujer no sufra las mismas consecuencias de desangrado y fallecimiento como en los casos de muertes por aborto ilegal o clandestino. Lo que permite la legalización del aborto para embarazos no deseados o planeados es que deje de existir una práctica clandestina, que no es poca cosa, pero eso la legalidad del aborto no asegura que la mujer no muera durante la práctica médica.
Veamos un ejemplo cercano. En el año 2015 se practicó un aborto legal en el hospital de Esquel que cobró dos vida: la de la joven madre, Keila Jones, una adolescente de 17 años y su bebé. A Keila Jones se le hizo un aborto mediante un protocolo de «Aborto No Punible», vale decir, legalmente permitido. Keila Jones murió por el misoprostol suministrado por la Dra. Estrella Perramón, médica generalista. Keyla Jones tenía siete semanas de embarazo cuando solicitó una interrupción legal por causas que se mantienen en reserva frente a la delicadeza del caso. El pedido fue respondido por una trabajadora social y la doctora María Estrella Perramón quien le suministró misoprostol. La joven no reaccionó de la manera esperada, presentaba fuertes dolores y hemorragia que la doctora consideró «una menstruación fuerte», con un cuadro agravado la jovencita fue trasladada al Hospital de Esquel donde se informó a los padres que habría sufrido un aborto. En las investigaciones preliminares del caso, desarrolladas por la Fiscalía de Esquel se determinó «a partir del certificado de muerte de Keyla, que su muerte se produjo como consecuencia del proceso incompleto del aborto, al no haber retirado (previa determinación o exploración), los restos del embarazo dentro del útero, que generaron un cuadro de shock séptico refractario que provocó la muerte de la joven, el 6 de diciembre de 2015, a las 16:40 horas, en el Hospital Zonal de Esquel». Como resultado de esta investigación, la Dra. Estrella Parramón, que practicó un aborto legal, fue llevada a juicio y acusada bajo la calificación legal de «Aborto practicado por un médico, abusando de su ciencia o arte, con el consentimiento de la mujer, seguido de muerte». El aborto legal sólo cambia de manos al responsable directo de las muertes por aborto inducido ilegalmente.
En segundo lugar, el argumento que recomienda el uso de misoprostol como un abortivo seguro. El misoprostol no es en absoluto seguro, el caso de Keyla Jones, lo demuestra. Es una droga que no fue diseñada como abortiva sino que es su efecto secundario y que está en retroceso en el mundo. El misoprostol es un análogo semisintético de la prostaglandina E1 (PGE1), utilizado para la prevención y tratamiento de las úlceras gástricas y duodenales, en particular las secundarias al empleo por lapsos prolongados de tiempo de fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como el ibuprofeno, el naproxeno o el aceclofenaco. Sin embargo, el Manual que distribuye la Campaña por el Aborto legal, seguro y gratuito, informa que su administración por vía vaginal es recomendable y no tiene efectos adversos. Keila Jones murió precisamente por la administración de misoprostol. No está probado que el misoprostol sea una droga segura. De hecho, la Agencia Nacional de Seguridad de los Medicamentos francesa prohibió terminantemente dicha aplicación en 2005, especialmente combinada con la mifepristona ya que el riesgo de sepsis se vuelve altísimo.
El tercer lugar, analicemos la falacia de que el aborto legal disminuirá la mortandad materna. Tomemos como referencia los casos de mortandad materna por aborto legal en las dos de las principales potencias mundiales: Rusia y Estados Unidos. Ambos países —que hace años que legalizaron el aborto— tienen los mayores índices de mortandad materna. Rusia, pionera en la legalización del aborto desde 1920, es el mejor ejemplo de que el aborto legal no disminuye ni evita la mortandad materna. Solo en San Petersburgo, según un informe de la OMS, la septicemia y las hemorragias fueron las principales causas de las defunciones obstétricas directas. De las defunciones totales por septicemia, el 63,8% se debieron a abortos, mientras que el 50% de las defunciones por hemorragia se debieron a embarazos ectópicos. El aborto en Estados Unidos, referido al aborto inducido o interrupción voluntaria del embarazo, es legal en todos los estados de Estados Unidos desde la sentencia de la Corte Suprema en el «Caso Roe contra Wade», el 22 de enero de 1973. Se suponía que con el aborto legal disminuiría sensiblemente la mortandad materna. Según el informe «UNC Study Shows Enormity of Abortion’s Impact on Public Health, Minorites» (2009) del Dr. Randall K. O’Bannon, Director del National Right to Life News Today, en Estados Unidos, el aborto es la causa mayor de muerte en los Estados Unidos. Una estadística comparativa con las dos causas principales de muerte en Estados Unidos, las enfermedades cardíacas y las cancerígenas, demuestra que, hasta 2009, las muertes por aborto superan a las otras dos causas. Las enfermedades cardíacas sumaron 599,413 muertes y las cancerígenas, 567,628 muertes. Las muertes por aborto sumaron 1.152.000 de fallecimientos.
Sin embargo, estas cifras son incomparables con la escalofriante cifra de niños abortados que, según las estadísticas, nos ponen ante el mayor genocidio de la historia. El aborto es un genocidio invisible que ha cobrado millones de víctimas. En otro informe del National Right to Life Committee (NRLC), «Estadísticas Aborto: datos de Estados Unidos y Tendencias» (2011), el Dr. Randall K. O'Bannon explica que se han producido 54.559.615 de abortos desde 1973 hasta 2011. El Dr. Randall K. O'Bannon obtuvo las cifras de su informe de la base de los datos de los Centros para el Control de Enfermedades y de la organización proabortista Instituto Guttmacher que recibe directamente la información de los centros que hacen abortos. Guttmacher es la principal fuente para conocer las cifras más actuales, ya que los Centros para el Control de Enfermedades nunca han tabulado números exactos de abortos. Todos estos datos permiten realizar una estimación reciente del número abortos, cifrados en 55.772.015 niños no nacidos eliminados antes de su alumbramiento, por cualquier motivo y en cualquier momento de su gestación. Esto significa, aproximadamente, un aborto cada 30 segundos en los Estados Unidos, o lo que es lo mimo más de 3.300 abortos diarios y 137 abortos cada hora, según informa LifeNews.
Recordemos que en Estados Unidos, se legalizó el aborto desde que el «Caso Roe vs. Wade» donde la Corte Suprema implantó el aborto «a petición» en todos los meses del embarazo, hace ahora 45 años. Roe, fue el nombre utilizado por Norma McCorvey, quien había alegado que había sido violada por una pandilla y estaba embarazada. Las abogadas abortistas, Sarah Weddington y Linda Coffee, recién graduadas de la Facultad de Leyes de la Universidad de Texas, buscaban un caso así para poder impulsar una ley de despenalización del aborto para derogar la ley que desde hacía cien años prohibía el aborto en Texas. Convencieron a Norma de que debería abortar en vez de dar a su bebé en adopción. Si bien el «Caso Roe vs. Wade» legalizó el aborto en 1973, en la misma fecha «Doe contra Bolton» permitió el aborto a petición durante los nueve meses de embarazo. En 1987, Norma McCorvey confesó la verdad. No había sido violada y el padre de su hijo era una persona a la que conocía y había pensado que quería. El relato de los pandilleros que la violaron fue una mentira urdida por las dos abogadas abortistas. Ese engaño perpetrado por dos abogadas feministas abortistas es la causa directa de la eliminación de 55.772.015 de niños. Sin embargo, estas genocidas jamás fueron enjuiciadas ni condenadas por sus crímenes contra la infancia.
Según datos oficiales, anualmente en Rusia se producen 700.000 abortos, aunque las cifras no oficiales de las ONG’s hablan de más de cinco millones anuales. Estos datos solamente toman en cuenta los últimos años. Rusia ha legalizado el aborto desde 1920, desde ese año a la fecha, la cifra de niños abortados es multimillonaria. Según la legislación vigente en Rusia, el aborto es libre y gratuito hasta las 12 semanas de la gestación, y sólo está sujeto «a la voluntad de la mujer». De acuerdo con las estadísticas oficiales, las mujeres rusas se someten a una media de dos abortos a lo largo de su vida, mientras que un 20 % de las parejas son incapaces de tener hijos debido a abortos mal practicados. En años posteriores a la desintegración de la Unión Soviética, el número de abortos llegó a superar la cifra de natalidad, así, por ejemplo, en 2004, unos 1,6 millones de mujeres rusas optaron por el aborto frente a 1,5 millones que decidieron dar a luz. El Comité de Sanidad de la Duma de la Federación Rusa propuso en 2013 un proyecto de ley para eliminar el aborto de la lista de servicios médicos gratuitos. En 2016, varios colectivos sociales, artísticos, políticos y religiosos piden que el aborto deje de ser legal. Rusia que fue pionera en la legalización del aborto, pide ahora su prohibición total.
En la India, el aborto inducido o interrupción voluntaria del embarazo es libre, a petición de la mujer y es legal hasta las 20 semanas de gestación desde el año 1971. La práctica del aborto inducido debe hacerse por médicos cualificados, en condiciones sanitarias idóneas, y siempre en clínicas autorizadas o en hospitales públicos. La legislación que autoriza la interrupción voluntaria del embarazo (Ley de Interrupción Médica del Embarazo - en inglés Medical Termination of Pregnancy, Act No. 34) fue promulgada por el Parlamento de la India el 10 de agosto de 1971. La Ley entró en vigor el 1 de abril de 1972 y ha sido modificada una sola vez, en 1975. En la India se prefiere recomendar el aborto a combatir los abusos sexuales contra las adolescentes pobres. Solo en 2015, en India se abortaron 15,6 millones de bebés. Las cifras oficiales solo recogen los datos publicados por los ministerios de salud y no siempre son completos. Además, muchas organizaciones no gubernamentales que manejan otras estadísticas, insisten en que las cifras son mayores de lo que se comunica. En China, ese mismo año, se practicaron casi 8 millones de abortos (7.930.000). En Rusia, 2.287.300; en Vietnam, 1.520.000; en Estados Unidos, 1.365.700; en Ucrania, 635.600; en Bielorrusia, 496.045; en Bulgaria, 205.395; en Hungría, 194.485; en República Checa, 101.874 y en Rumanía, 88.327.
Si estas cifras no conmueven al lector, si acaso lo dejan indiferente, entonces que se prepare para recibir el fuerte impacto de esta otra estadística. Desde 1979 hasta 2016, en China se han abortado más de 450 millones de niños. 13 millones de abortos se registran cada año. Las políticas de control de la natalidad han hecho que China tenga la tasa de suicidios femeninos más alta de mundo: 590 chicas al día. No es difícil adivinar una de las causas: el número de abortos: 63.013 al día, 2.625 por hora, 43 por minuto. La política del hijo único ha tenido efectos devastadores, tanto en la salud física como psicológica de la mujer. Para tener un punto de referencia se utiliza la tasa de población de Estados Unidos, aproximadamente de 320 millones de personas. La cifra de abortos en China supera a la población de EE. UU. Según afirma el periódico oficial de China, el Diario del Pueblo en su versión en español, son 13 millones los abortos a pedido que se realizan en China, de los cuales el 62 por ciento se practican en mujeres cuyas edades están entre 20 y 29 años, la mayoría de ellas solteras. Las cifras las dio a conocer el Centro de Investigación de Tecnología bajo la Comisión Nacional de Planificación Familiar y de la Salud de China. Además, esta misma comisión indicó que entre los años 2006 y 2010 se gastó en China la astronómica cifra de 402,5 millones de dólares para distribuir anticonceptivos en todo el país. Sobre los millones de niños que mueren en China antes de nacer, Qi Rongyi, médico jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia en un hospital de Tianjin, dijo que «el número de abortos podría ser mucho más alto” ya que "estas estadísticas contienen datos de instituciones médicas registradas y no incluyen los abortos realizados en clínicas no registradas».
El aborto legal no ha disminuido la mortandad materna ni tampoco eliminado los abortos ilegales o clandestinos en Estados Unidos, Rusia y China, pero en cambio ha incrementado las cifras de niños abortados en una proporción tan dantesca que me permite afirmar que estamos ante el genocidio más atroz perpetrado contra la humanidad, el aborto, sea legal o ilegal, excepción hecha de los casos donde la mujer se ve obligada a suspender su embarazo por razones de salud o por violación, es un genocidio invisible alentado por los colectivos neomalthusianos que no tienen color político ni banderías partidarias, porque los hay de izquierda, de centro y de derecha. El aborto se usa como política de descarte de la vida humana. A comienzos del mes de enero de 2018, las Estadísticas de la Organización Mundial de la Salud estiman entre 40 millones y 50 millones de abortos en todo el mundo cada año, aunque a ciencia cierta nadie sabe exactamente cuántos bebés son abortados cada año en todo el mundo.
Se está perpetrando el mayor genocidio de toda la historia. Las cifras de los mayores genocidios o democidios reconocidos por los historiadores modernos, que palidecen si las comparamos con las cifras astronómicas de niños abortados en todo el mundo porque sus madres deciden interrumpir el embarazo porque no los desean o porque no lo han planificado. Es el mayor genocidio de la historia, un genocidio invisible porque, aunque las cifras existen y se conocen, nadie quiere verlo y, por lo mismo, nadie parece conmoverse por aquello de «ojos que no ven, corazón que no siente». No se sufre por lo que se ignora o se prefiere no saber. Bien dijo Aristóteles que «no se puede ser feliz sino al precio de cierta ignorancia». Si algo no se ve, no se sufre por ello, el corazón no siente nada, porque simplemente lo ignora. Si por cobardía, hedonismo o egoísmo preferimos no ver el genocidio que se está llevando a cabo en todo el mundo con la complicidad de políticos, activistas sociales, luego no habrá excusa para lamentarse cuando los poderosos utilicen esas mismas leyes para hacer abortos selectivos, como en la India, donde faltan 63 millones de mujeres porque las familias interrumpen el embarazo cuando saben que esperan a una niña. Desde el año 1994, la India cuenta con una ley que prohíbe (y penaliza con pena de 3 años de prisión) detectar el sexo del feto durante el embarazo. Por esta razón, se ha prohibido los estudios por ecografía para impedir que el sexo del feto sea conocido antes de su nacimiento.
El fetocidio va unido al generocidio. El aborto selectivo por sexo no es exclusivo de la India, también es más habitual en zonas donde las normas culturales valoran más a los hijos que a las hijas, sobre todo en China, Pakistán, el Cáucaso y el sureste de Europa. En todo el mundo, hay 160 millones de niñas menos a causa del aborto selectivo por sexo. Eso es algo que está afectando la sociedad humana en general. Y las feministas debieran ser las primeras en salir a protestar contra la legalización del aborto, en general, no solo por el generocidio que afecta solo al sexo femenino. Esta práctica se ha trasladado a países de Occidente donde existen importantes comunidades de inmigrantes de origen asiático. Según informó en 2016 la Dra. Anna Higgins, investigadora asociada del Instituto Lozier Charlotte, en Estados Unidos, existen comunidades de inmigrantes de origen coreano-estadounidenses y chino-americanos —incluyendo algunas comunidades indígenas originarias—, que practican el aborto selectivo, con una preferencia de niños respecto a las niñas, que puede llegar a ser mayor que en China.
La preferencia por el hijo varón y la discriminación selectiva de la niña fue una práctica abominable de los árabes preislámicos que mataban a la recién nacida. El infanticidio contra bebés del sexo femenino no es un recuerdo lejano en la historia humana, ese crimen sigue siendo un fenómeno actual. En tiempos preislámicos, denominado «Edad de la Ignorancia» (Yahiliyya), las tribus nómadas lo practicaban en la península arábiga en ocasiones de un modo especialmente cruel cuando el nacido no era varón. Aunque investigaciones recientes hace creer a algunos expertos en el mundo árabe preislámico que el recurso al infanticidio se aplicaba también a los niños varones. El carácter politeísta de los árabes pre-islámicos —contra el que se rebeló el Profeta Muhammad con todas sus fuerzas— llevaba a la creencia de que el sacrificio de los bebés calmaba a los dioses. Una de las primeras acciones del Profeta del Islam fue precisamente la erradicación de esa costumbre bárbara, denominada en árabe Al-Wa'd que consistía muchas veces en enterrar vivas a las niñas apenas nacidas. El Corán se pronuncia en contra del infanticidio por selección de sexo cuando dice: «Cuando la niña enterrada viva sea preguntada por qué crimen la mataron... sabrá cada alma el resultado de sus obras» (Surah At-Takwir 81, 8-9, 14).
La falacia argüida por los abortistas neomalthusianos que el aborto legal es un derecho que la mujer tiene sobre su propio cuerpo —derecho que nadie niega— parece no tener en cuenta que cuando decide abortar no solo está ejerciendo un derecho sobre su propio cuerpo sino sobre otro cuerpo que si bien no es visible, no ocupa lugar en un espacio visible, está localizado en el interior del cuerpo de su madre, y ninguna mujer tiene derecho de decidir sobre el cuerpo de otro ser porque no es una extirpación de un quiste o un tumor ni la remoción de un órgano que ha dejado de funcionar como una vesícula o el apéndice ni tampoco es una operación estética ni el implante de algo ajeno a ella misma. Muchas mujeres que apoyan las campañas abortistas caen bajo el engaño de sectores ideológicos de organizaciones eugenésicas y neomalthusianas, como Planned Parenthood, que aprovechan de su ignorancia o falta de educación o de asesoramiento jurídico como ocurrió con Norma McCorvey que, hoy día, arrepentida del aborto que permitió la despenalización en Estados Unidos, se ha convertido en una activista en contra del aborto. Desde el punto de vista jurídico, se define al aborto como un «feticidio» o muerte violenta dada a un feto humano. El portal jurídico Universojus.com define el feticidio en estos términos: «El feticidio no es sino el delito de aborto criminal, y no una variedad de éste; pues constituye sutileza sin trascendencia pretender distinguir entre la muerte causada al feto por móvil contra él y que la misma resulte indirectamente por el deseo de la madre o de un tercero de librar a ésta del embarazo prematuramente. Si el feto nace con vida, la muerte de él constituye infanticidio».
Aquello de que en «los países desarrollados promueven el aborto» es otra falacia argüida por los promotores de la eugenesia social. Desde la perspectiva de la bioética, es decir, de la ética basada en el conocimiento científico de un médico, Dra. Brandolino desnuda el plan de eugenesia social diseñada para países ricos en recursos como los de África y América Latina que se oculta detrás de eufemismos que llaman a las cosas por otro nombre: «En 1974, los países desarrollados iniciaron una campaña de despoblación de los países ricos en recursos como la Argentina. El informe “Implicancias del crecimiento poblacional para la seguridad de los EEUU y sus intereses de ultramar” señala que para el siglo XXI EEUU habrá consumido todos los minerales que necesita para su industria y que si los países del tercer mundo tienen un importante crecimiento poblacional tendrán su propio desarrollo industrial. Se propusieron entonces esconder las metas demográficas detrás de planes sanitarios, por eso no se habla de aborto sino de salud reproductiva, ni de promover el aborto en los jóvenes sino de educación sexual, no se dice aborto sino interrupción voluntaria del embarazo».
De manera discreta y disimulada la campaña a favor del aborto que se impulsó en Argentina para la aprobación de la Ley 27.610 oculta la posibilidad actual y futura de usar el aborto como una práctica de eugenesia social, porque es realmente un proyecto impulsado por el Neomaltusianismo como una forma de control de la población en Argentina que la Dra. Brandolino ha calificado de «suicidio demográfico»: «La Argentina es un país despoblado, con 12% de ancianos en su pirámide demográfica, con una tasa de fertilidad de 2,1, cuando para mantener la población se debe tener por lo menos 2,4 hijos por mujer. Francia, que también tiene muchos ancianos, es un país 20 veces más chico que Argentina, con una población que nos duplica, y sin embargo da un premio de 2.800 euros a la francesa que tenga un hijo; 20.000 euros en el tercer hijo y 1.000 euros por mes al niño hasta los 12 años. Esto es una política demográfica positiva. Legalizar el aborto es un suicidio demográfico y un atentado a la biología».
Margo Thomas, exfuncionaria del Banco Mundial y consultora sobre empoderamiento económico de las mujeres, parece confirmar las sospechas de la Dra. Brandolino cuando, en una visita a nuestro país en ocasión de la reunión del G20 celebrada en Buenos Aires, declaró que «Argentina tiene un 30% de pobres y debe implementar el aborto». Es bien conocida la posición oficial proaborto del Banco Mundial, y la forma de presión e imposición que ejerce en gobiernos como el argentino, dependiente en forma absoluta de los préstamos que esa institución hace a la Argentina desde marzo de 2011, para financiar los planes sociales que constituyen el único ingreso con el que pueden contar los sectores sociales menos favorecidos, los más pobres, los que están siendo expulsados del sistema productivo, aquellos a los que la acción del Estado, ya sea en forma de caridad, asistencia o promoción. La legalización del aborto en Argentina no fue el triunfo de la justicia, sino su derrota. ¿Qué triunfo puede haber en la condena a muerte de niños inocentes de todo crimen? Si no pidieron nacer, solo porque sus madres no lo tuvieron en sus planes, tampoco piden morir. Es uno de los crímenes más crueles porque se perpetra contra seres que aún no tienen capacidad para decidir, no tienen voz ni voto, no existen, son invisibles, aun no tienen nombre, pero son seres humanos, como tales, tienen el derecho universal a la vida. Se denomine «feticidio» a la muerte del feto por aborto o «generocidio» a la muerte del feto por sexo selectivo, por lo general, niñas, el aborto es siempre un «genocidio» porque implica una matanza de seres humanos generalizada, o sea, no hay distinción ni discriminación alguna de género y tiene la misión de eliminarlos de la faz de la tierra, no permitiéndoles nacer. Por este nivel de daño que plantea a millones de niños que han sido aniquilados y que pueden continuar siendo exterminados, la sociedad entera —ya que los legisladores y militantes políticos son ciegos—, debe abrir los ojos y ver que la aprobación en el Senado de la ley para despenalizar el aborto para los casos de niños no deseados, aunque sus madres no hayan sido víctimas de violación ni sus vidas corran peligro, será cómplice, por acción u omisión, de un Genocidio Invisible, el mayor genocidio oculto en los pliegues de la historia contemporánea.
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