Luis Alberto Vittor | Between: El verosímil escenario de una pandemia como experimento de la reingeniería social
360º
sábado, 29 de enero de 2022

Nunca creí en el supuesto carácter profético de la literatura y el cine de ficción científica. Por el contrario, siempre me pareció que la llamada literatura de ficción científica con sus utopías y distopías, sus catástrofes climáticas con tremendos terremotos y arrasadores tsunamis, sus apocalípticas visiones de aniquiladoras guerras nucleares, sus remotas conquistas espaciales para colonizar lejanos mundos de nuestro sistema solar y de otros sistemas planetarios distintos del nuestro, sus contactos con civilizaciones alienígenas, sus viajes en el tiempo, sus mundos paralelos, sus sociedades tecnocráticas, sus dictaduras mundiales, los virus de diseño para provocar descontroladas pandemias, es una manera de exponer la agenda secreta de la élite global sin correr el riesgo de ser considerados como «conspiranoicos». Al igual que en el cuento de Edgar Allan Poe, The Purloined Letter [«La Carta Robada»] (1844), a la élite global le encanta poner en evidencia sus planes a la vista de quien quiera verlos, pero ocultos ante los ojos de aquellos que, parafraseando el tradicional proverbio chino, cuando el sabio les señala la luna, se quedan mirando el dedo.
Aplicado al mundo de la comunicación política conviene proceder a la inversa, sobre todo en los tiempos que corren, donde los sabios son cada vez más escasos y los sofistas más abundantes. Nos parece oportuno sugerir que cuando uno de los llamados «fact-checkers» —eufemismo que encubre a ciertos sofistas devenidos en operadores políticos o informadores mediáticos—, señale la luna, lo sensato es precaverse acerca de la posibilidad de un engaño y no dejarse atrapar como un chorlito en la trampa de su arte de birlibirloque, que muestra la mano mientras oculta el truco. No todo es «bulo» (fake news) ni «conspiranoia». Hay evidencia de que mucha información veraz suministrada por médicos y científicos es descalificada como una «fake news» por quienes se interesan en mostrar lo verosímil antes que la verdad. Quizás no huelgue recordar que verosímil es aquello que, sin ser estrictamente verdadero, tiene apariencia de verdadero, que resulta creíble para quien lo observa porque hay una coherencia y concordancia que no le genera al observador rechazo. Por la misma razón, no hay que distraerse ni quedar mirando el lugar hacia donde estos prestidigitadores de la comunicación política desean dirigir nuestra atención. Hay que quedarse mirando el dedo porque en lo evidente se encuentra aquello que desean ocultar a la vista de todos como en el cuento de Poe. Lo prudente es observar críticamente a quién realiza esa operación mediática y descubrir qué intenciones oculta al pretender atraer nuestra atención hacia el lugar contrario hacia donde nos conviene mirar. La recomendación debe extenderse igualmente a cualquier portavoz, verificador de hechos o analista de la actualidad. Escuchar con atención parejamente flotante lo que dice, investigar quién a qué sector político o ideológico representa y a qué intereses financieros o corporativos obedece en su intento de llamar nuestra atención hacia el efecto y distraernos de la causa que produce un determinado fenómeno. Solo mediante un análisis crítico y objetivo del discurso mediático de los comunicadores políticos se podrá leer entre líneas cuales son las verdaderas intenciones de la elite global.
Esto no significa, sin embargo, que todas las predicciones de la ciencia ficción se hayan convertido en realidad ni que lleguen forzosamente a serlo un día. Dudas y temores acerca de las amenazas que puede entrañar la tecnología y sobre la falibilidad de los hombres y de las máquinas los encontramos también en algunas películas «proféticas» sobre el futuro de la humanidad. Así la película francesa de ciencia ficción Alphaville, también conocida por su título original más extenso Alphaville, une étrange aventure de Lemmy Caution (1965), dirigida por Jean-Luc Godard, transcurre en una ciudad gobernada por el cerebro electrónico o inteligencia artificial de una supercomputadora Alpha 60 que controla toda la ciudad. Alpha 60 es un sistema informático ultra inteligente y omnisciente creado por un científico conocido como Profesor Von Braun. que tiene un completo dominio sobre todos los habitantes de Alphaville controlando sus mentes y sus acciones a través de un impulso energético que aturde a los ciudadanos y hace que se comporten de forma extraña y sumisa. Al igual que otras novelas, obras teatrales y películas de ciencia ficción distópicas como R.U.R. [Rossumovi Univerzální Roboti] (1920), una obra teatral de ciencia ficción escrita por el checo Karel Čapek; Brave New World (1932) de Aldous Huxley; Nineteen Eighty-Four (1949) de George Orwell; Fahrenheit 451 (1953) de Ray Bradbury, en Alphaville se muestra una sociedad futura de características totalitarias, donde sería obligatorio sacrificar la libertad y los sentimientos para conseguir la felicidad y el bien común. Como sociedad distópica, Alphaville posee muchas peculiaridades que indican que no es un lugar como los demás: muchachas sumisas y frías que se identifican como seductoras de nivel 3, diccionarios a los que se llama biblias y prohibición de palabras como por qué, amor o llorar, vale decir, palabras que expresen algún cuestionamiento o sentimientos. La Inteligencia Artificial de Alpha 60 es primero confundida y finalmente destruida al «alimentarla» con poesía, único medio de comunicación que no comprende.
El riesgo de dejar el control, sea de una ciudad o una nave espacial, en el completo dominio de la Inteligencia Artificial (IA) aparece también en la película 2001: A Space Odyssey (1968), novela de Arthur C. Clarke desarrollada en paralelo a la versión cinematográficadirigida por Stanley Kubrick, y publicada después del estreno del film, nos muestra a HAL 9000, una computadora de inteligencia artificial, que se encarga de mantener la nave en curso y de otras funciones vitales a bordo, encarna también los temores que suscita el gobierno de un sistema informático ultra inteligente y omnisciente. Desde comienzos del siglo XX el cine se ha encargado de llevar a la pantalla grande los mundos distantes y sociedades futuristas imaginados por los escritores de la literatura de anticipación. Fue un francés, Georges Meliès, pionero de la cinematografía de ciencia ficción, quien presentó por primera vez un viaje espacial en la pantalla, con Le Voyage dans la Lune (1902), basada en la obra de Julio Verne De la Terre à la Lune Trajet direct en 97 heures, novela publicada en el Journal des débats politiques et littéraires desde el 14 de septiembre hasta el 14 de octubre de 1865, y como un solo volumen el 25 de octubre de ese mismo año y en The First Men in the Moon (1901) escrita por el británico H. G. Wells. Hacia 1916 se habían filmado ya por lo menos tres versiones de Vingt mille lieues sous les mers (1869), novela que, como las demás de Julio Verne, con su mezcla de fantasía y de precisión científica, ha seguido tentando desde entonces a los realizadores cinematográficos. Jules Verne, considerado como el «padre del género literario de la ciencia ficción», no fue un clarividente ni un autor meramente imaginativo, fue también un lector curioso que se interesó por los avances científicos de su tiempo y un escritor escrupuloso que se documentó para componer cada una de las novelas de la serie de los Voyages Extraordinaires. Sus novelas son un eco literario de los avances científicos, las innovaciones tecnológicas y los grandes descubrimientos paleontológicos y geológicos de su época.
Una de las razones por la que las obras de ciencia ficción están rodeadas de una aureola fantástica, es que, al mismo tiempo, sus precisiones pueden situarse en un nivel más realista de la predicción científica. La literatura y el cine de ficción científica ofrecen el marco adecuado para anticipar futuros escenarios apocalípticos con pestes, hambrunas, guerras que causan un exterminio masivo de la especie humana, vale decir, para plantear situaciones distópicas que sus autores presienten como posibles, porque saben o disponen de una fuente de información con algún grado de certeza sobre lo que eventualmente podría ocurrir en un tiempo relativamente cercano. Obras del género literario de la ciencia ficción como The Time Machine (1895); A Modern Utopia (1905) o The Sleeper Awakes (1910) de H. G. Wells; Brave New World (1932) de Aldous Huxley o Nineteen Eighty-Four (1949) de George Orwell exploran las estructuras sociales de comunidades ficticias en un futuro distópico pero cuyos modelos son claras referencias a sociedades existentes, muchas de las cuales son o han sido estados totalitarios o sociedades en un estado avanzado de colapso.
Un argumento similar nos presenta Between una serie de la televisión canadiense clasificada en el género de la ciencia ficción combinada con el drama. La serie tiene dos temporadas de seis episodios cada una, de aproximadamente 40 minutos de duración, que permiten la continuidad de una secuencia narrativa que capítulo a capítulo muestra la solución al gran problema. Se estrenó el 21 de mayo de 2015 en el canal City TV y Netflix, fue creada, producida y dirigida por el realizador canadiense Michael McGowan y protagonizada por la joven actriz Jennette McCurdy. Como narrativa ficcional, Between nos cuenta una historia que se centra en el personaje de Wiley Day (Jennette McCurdy), una adolescente embarazada a punto de dar a luz, aunque la identidad del padre es un secreto muy bien guardado por la joven madre soltera, que vive en Pretty Lake, una pequeña ciudad en estado de sitio que ha sido aislada y sus habitantes puestos en cuarentena debido a una misteriosa enfermedad que hace estragos en la población mayor a los veintidós años.
Quizás no huelgue resumir el argumento. En la primera temporada, un inesperado y misterioso virus irrumpe en la pequeña ciudad de Pretty Lake, provocando una epidemia extraña que diezma a la población adulta mayor de veintidós años. Sin ningún tipo de advertencia los adultos comienzan a morir, las autoridades locales tratan de averiguar lo que acontece, pero no logran descubrir que es lo que sucede. Pronto la población adulta ira mermando de forma dramática, la incertidumbre y el pánico se apodera de los supervivientes, en su mayoría, niños y jóvenes menores. Dentro del caos ocasionado en el pueblo por la muerte de los adultos, el gobierno en vez de buscar ayuda para resolver el problema; decide aislar el pueblo de forma militarizada y crea un perímetro de 16 kilómetros a la redonda con cercas alrededor para impedir que alguien salga o que entre al pueblo. El entorno de Pretty Lake presenta las características de un pueblo aislado en el cual la mayoría de sus habitantes adultos han muerto. Cada escenario da a entender el desamparo, la anomia y devastación que ha sufrido el pueblo. Los distintos cambios de escenas muestran el estado de abandono que se ha apoderado del pueblo, haciéndose visible no solo en los ambientes exteriores sino también en los interiores, a través de los hogares vacíos y las tiendas saqueadas por la necesidad. Los supervivientes ignoran la causa de esa misteriosa enfermedad, se encuentran incomunicados con el mundo exterior, sin comida ni energía. La serie explora el vacío de poder a partir de una situación de anarquía que se produce cuando el gobierno crea un área aislada con un diámetro de 16 kilómetros, abandonando a todos los habitantes a su suerte. Después de que el Gobierno ha puesto el área en cuarentena, los jóvenes supervivientes deberán encontrar la forma de sobrevivir por su cuenta. Adicional a todo lo que están sufriendo el gobierno les pide a los jóvenes que reúnan los cadáveres y que los cremen, para evitar una epidemia.
La causa de esa devastación es un extraño virus, aparentemente diseñado como arma biotecnológica, irrumpe invasoramente en Pretty Lake, alterando la vida tranquila de todos sus habitantes, primero trastornando su normalidad, luego causando la muerte misteriosa de todos los mayores de veintidós años. En adelante, la trama se desarrolla en torno a los jóvenes supervivientes, a sus luchas y conflictos por la subsistencia, situación que saca en algunos lo mejor y en otros lo peor de sí mismos. Enteradas de lo sucedido, las autoridades declaran a Pretty Lake la cuarentena aislando a todos los sobrevivientes del pueblo, en su mayoría menores, dejándolos sin alimento ni energía. Los jóvenes se muestran dispuestos a todo por sobrevivir y escapar convirtiendo a todas las personas vivas en sus enemigos. Tras muchas investigaciones realizadas por Adam, quién en el transcurso de la temporada descubrió ser el único inmune a dicho virus, y Wiley, se descubre que el verdadero enemigo de los habitantes de Pretty Lake es el gobierno que no busca ayudarlos si no exterminarlos. Los jóvenes se ven envueltos en lo que aparenta ser un experimento de reingeniería social.
En la segunda temporada todo da un giro sorpresivo cuando los habitantes del pueblo descubren que la supervivencia depende de la solidaridad y la cooperación entre todos, entonces comienzan a cuidarse unos a otros, a tratarse como compañeros que están compartiendo la misma suerte y dejan de verse como enemigos y competidores. De manera inesperada llega al pueblo Liam, un científico enviado por el gobierno que supuestamente vino a curar a todas las personas con una vacuna; tras muchas dudas e investigaciones Wiley decide confiar en su ayuda pero Adam no está tan seguro y logra demostrarles a todos que simplemente son un experimento para el científico, por lo que decide salir del pueblo para buscar ayuda en el exterior. Con pruebas contra el gobierno, Adam busca presionarlos para que salven a Pretty Lake y soborna al laboratorio para el que trabaja Liam y lograr salvar a sus amigos. Es así como consigue que se aplique la muestra de la vacuna a sus amigos sacándolos de inmediato de la cuarentena. Como se había encontrado la cura, seis meses más tarde el laboratorio habría vacunado a todas las personas vivas de Pretty Lake; pero no todo es alegría, la ambición por el dinero acabaría con el planeta, el laboratorio soltó el virus para generar una pandemia, son los únicos que tienen la cura.
Durante las dos temporadas, la joven protagonista es la hija de un pastor, Wiley Day, una adolescente de 17 años con un embarazo muy avanzado que no revela quien es el padre de su hijo. En torno a ella se genera mucha intriga sobre lo que le sucedió. Es una joven problemática a la que le tocó ver morir a su padre y al padre de su hijo a causa del virus que se expandió en el lugar donde vivía, lo que hace que al principio de la historia sea una persona solitaria e indiferente a la situación de emergencia por la que atraviesa su pueblo. Wiley comprende que para sobrevivir a la cuarentena debe cambiar de actitud, necesita madurar y hacerse fuerte no solo para salir adelante junto a su hijo, sino también para salvar a sus amigos de Pretty Lake. Su pareja romántica, Adam Jones, un joven tímido e inteligente de 17 años que se mudó a Pretty Lake tres años atrás a la epidemia, que es la única persona dentro del pueblo inmune al virus. Adam Jones representa el estereotipo del nerd, inteligente pero socialmente retraído.
Cuando el pueblo queda sin adultos ni autoridades, la anomia hace que todo se vuelva un descontrol. La toma de control, estará generada tan solo por los chicos adolescentes; que serán quienes tomen las decisiones sobre la administración de suministros y cuidado de los niños huérfanos. No será fácil la situación y en más de una ocasión la anomia social amenaza con apoderarse del juicio y de la cordura. Por supuesto no podía faltar entre los personajes el hijo del dueño de muchas de las tiendas del pueblo, o sea el niño rico Chuck Lott quien intentará imponer un orden y control en el pueblo. Chuck Lott, hijo del dueño de varias concesionarias de autos, toma el control de la situación. A lo largo de la serie, se ve como muchos están de acuerdo con esto, y otros no, generando conflictos entre los personajes. Chuck Lott un joven de 18 años, popular y de carácter dominante, el típico macho alfa, es la contrafigura de Adam Jones. Chuck está convencido de que por ser el hijo de la persona más poderosa del pueblo y único vivo de su familia, le da derecho a convertirse en el líder de los jóvenes sobrevivientes. Es dueño de una fuerte personalidad, al contrario de Adam Jones, es seguro de sí mismo, pedante y engreído, que puede imponer la ley en el pueblo por su posición social. Su única intención es proteger a los supervivientes pero su inmadurez lo lleva a tomar decisiones incorrectas. La muerte de su hermana menor, Amanda, lo ayuda a madurar, se convierte en un líder totalmente positivo que mantiene la misma actitud protectora que al principio pero ahora tomando la actitud adecuada escuchando y teniendo el apoyo de sus amigos, los cuales unidos pudieron mantener en orden a Pretty Lake.
Ambos terminan uniendo fuerzas. Cuando el virus se expande por la ciudad, Adam ve morir a su madre. Al darse cuenta de que la ciudad fue aislada del resto del mundo, Adam le propone a Wiley escapar de la ciudad, pero ella rechaza la idea. Adam intenta escapar solo pero es descubierto por los guardias que están del otro lado de la cerca para evitar que los habitantes de Pretty Lake escapen y uno de ellos le dispara. Después de sobrevivir al disparo, Adam sigue investigando la causa del virus y encuentra a un hombre sospechoso. El deduce que Lana Lott, hermana menor de Chuck, fue asesinada y cuando los cuerpos de las víctimas son cremados, encuentra a Wiley entre ellos y la salva. Intenta escapar del pueblo junto con Wiley, pero un campo minado hace que ambos vuelvan al pueblo. Tras varios días investigando la escena del crimen de Lana, Adam deduce que Pat estuvo detrás del asesinato, pero el joven que está enemistado con Chuck le revela que Lana se suicidó.
Amy Symonds es una joven profesora de 21 años. Ella se mudó a Pretty Lake justo después de que su novio rompió con ella. Ella es inteligente y afectuosa, muy querida por todos. Cuando el virus se propaga por la ciudad, Amy se muestra disconforme con las medidas que el Gobierno debe tomar. Estando en el bar en el cumpleaños de Amy, la electricidad vuelve y Amy muere infectada por el virus, al cumplir veintidós años. Adam queda confundido observándola. Adam empieza a creer que un hombre esta atrás de la enfermedad de la ciudad, va a la prisión de Pretty Lake y Ellen, una oficial de 32 años que reside en la localidad y es una adulta mayor de veintidós años a la que el virus no le ha infectado. Ellen es una mujer ruda y cínica que anteriormente estaba en el ejército, empieza a investigar a Adam, y al verlo en la prisión, que en realidad funciona como un centro de operaciones militares, lo persigue e intenta matarlo. Adam escapa de ella para evitar ser asesinado y es salvado por su padre, quien asesina a Ellen de un disparo en el estómago. Su padre le explica que encontró una salida para escapar del pueblo y lo insta a irse pronto. Adam escapa, pero decide regresar al pueblo y advertirles sobre la mentira del gobierno, que no pretenden salvarlos, sino exterminarlos. El entra a la iglesia y les cuenta a todos que el gobierno planeaba matarlos y que debían prevenirlo. Adam junto con otros personajes recurrentes, Chuck, Gord, Ronnie, Mark, Tracey, Pat, John y Samantha, se escabullen en la prisión, pero rápidamente son acorralados. Adam logra llegar a la sala de control, y su padre trata de evitar que salve a la ciudad. Descubre que su padre se encuentra implicado en la conspiración y asesina a su padre para salvar a los habitantes del pueblo. Wiley se acerca con Jason hacia él, y Adam le revela que sabía cómo escapar.
Subestimada como una típica serie dirigida a un público adolescente, Between no pretende ser original, en cuanto a la trama argumental de la narrativa ficcional, pero presenta un escenario que si bien para 2015 era impensable, a partir de 2020, sabemos que es posible. Hasta 2015, la posibilidad de provocar una pandemia como parte de un experimento de reingeniería social no resultaba verosímil en la realidad, sin embargo, en el marco de la historia hay una coherencia y concordancia en Between que no le genera al espectador rechazo, sino más bien todo que lo que entonces era la tesis de una aterradora posibilidad le permitía adentrarse en la trama y seguir cada suceso con atención y expectativa. Lo verosímil en una película depende de la coherencia y concordancia que el guionista sepa aportarle a una trama, porque justamente eso es lo que la hará verosímil y en 2015 cualquier equiparación con la realidad parecía verosímil, pero no verdadero. En 2020, con una pandemia en curso, el espectador vio a Between con otros ojos, porque la ficción permitía un hacer parangón con lo real, con lo cotidiano, con algo que era posible que suceda. Desde hace mucho tiempo se corren rumores acerca de experimentaciones con armas biológicas, primero en animales y después en seres humanos. Es un secreto a voces, pero la guerra biológica es posible en estos días. La serie pone en evidencia la existencia de laboratorios que son capaces de crear un virus como un arma biotecnológica que, de manera intencional o accidental, es capaz de poner a la humanidad en riesgo de extinción. El bioterrorismo era considerado hasta no hace mucho tiempo pura ciencia-ficción, pero en la actualidad, mediante la biotecnología aplicada a fines militares, se pueden modificar genéticamente microorganismos patógenos que ya se encontraban en nuestro planeta antes que la propia existencia del hombre y convertirlos en potentes armas biológicas. El uso de microorganismos (virus, bacterias) o agentes bioactivos (toxinas) o cualquier otro patógeno (hongo, parásito, protozoos, mohos, etc.) o agente infeccioso que produzca enfermedades mortales, son diseñadas en los laboratorios como arma de guerra con el fin de contaminar sus fuentes de agua o alimentación o de minar el sistema inmunológico de las fuerzas militares enemigas y a la población civil, es lo que conocemos como guerra biológica.
La información obtenida de los Gobiernos, los organismos internacionales, las asociaciones médicas y la industria farmacéutica, permite constatar el empleo de los avances científicos de una manera indebida. La propagación deliberada de ciertas enfermedades, como la fiebre tifoidea, el carbunco y la viruela, con ánimo de sembrar el terror, causar daño o provocar muertes; la alteración de patógenos existentes como el coronavirus para provocar enfermedades más letales; la creación de ciertos virus a partir de materiales sintéticos, según se ha demostrado con la reconstitución del virus de la poliomielitis —cuyos resultados fueron publicados en julio de 2002—, todo hace prever un posible uso futuro de agentes biológicos contra poblaciones específicas. Se sabe en algunos círculos científicos que existen nuevos métodos para la propagación secreta de agentes biológicos que se producen naturalmente, a fin de alterar, en las poblaciones destinatarias, procesos fisiológicos tales como la conciencia, el comportamiento o la fertilidad. También hay conocimiento científico sobre la producción de agentes biológicos para atacar la infraestructura agrícola o industrial, donde la liberación, aunque fuese «accidental», de tales agentes podría tener efectos incontrolables y desconocidos en el medio ambiente natural y en la salud de los seres humanos.
A esta altura no es ningún secreto que, desde la finalización de la Guerra Fría, algunos países han seguido desarrollando armas biológicas, en contravención del derecho internacional. En los últimos años, se ha descubierto que los gobiernos no son los únicos que lo han hecho. Ahora se sabe que el mundo también está ante la amenaza de las elites globales que financian proyectos biotecnológicos de organizaciones no estatales para perpetrar ataques directos contra la población civil. En noviembre de 2015, TGR Leonardo, programa de divulgación científica de RAI 3, emitió un reportaje, firmado por Maurizio Menicucci, donde se afirma que los científicos chinos habían creado un «supervirus pulmonar de murciélagos y ratones» para «fines de estudio». El conductor del programa presenta así el informe de Maurizio Menicucci: «Científicos chinos crean un supervirus pulmonar en murciélagos y ratones. Se presume que es por motivos de investigación, pero la gente se pregunta: ¿vale la pena el riesgo que supone? Es solo un experimento, sí, pero preocupa. Un grupo de investigadores chinos insertaron una proteína procedente de murciélagos al virus del SARS provocando una pulmonía aguda en ratones, y que podría afectar a los seres humanos. Está confinado en laboratorio y sirve sólo de estudio, pero ¿vale la pena correr el riesgo que supone crear una amenaza así, solo para poder examinarla?». La voz de Maurizio Minicucci en off relata que «un grupo de investigadores chinos injertó una proteína de superficie tomada de murciélagos en un virus que causa Sars derivado de ratones, creando un supervirus que podría afectar a los humanos».
En 2020, el informe presentado en 2015 por Maurizio Menicucci, comenzó a viralizarse en las redes sociales presentando el vídeo como una prueba de que el Sars-CoV-2 (el coronavirus actual) fue creado en un laboratorio y después escapó —deliberada o accidentalmente— al control de los científicos chinos. Según esta hipótesis, los investigadores de Wuhan lo habrían concebido como un arma bioterrorista, pero luego lo habrían dejado escapar, dando lugar a la pandemia actual. Por supuesto, que una legión de siempre «bien informados» fact-checkers salieron como una bandada graznante y repetidora de aves parlanchinas a desmentir que el Sars-CoV-2 fue creado en laboratorio, tratando de «conspiranoicos» a quienes hacían relación entre aquel experimento de 2015 y el coronavirus actual. Nuevamente los formadores de opinión pública nos piden que no miremos el dedo que señala la luna, lo que es completamente necio cuando quien apunta su índice hacia el astro nocturno es un sabio digno de confianza, pero es imprudente no hacerlo cuando quienes señalan la luna, no son sabios, sino esbirros al servicio de los grandes intereses corporativos. En este caso, lo prudente e inteligente es no distraernos mirando hacia el lugar que se quiere atraer nuestra atención, sobre todo, si el dedo que señala es el de un mercenario «verificador de hechos», un empleado al servicio de las grandes corporaciones periodísticas, un político corrupto, un psicópata ávido de poder como algunos conocidos magnates tecnológicos que financian costosos proyectos biotecnológicos o una legión de científicos inescrupulosos que trabajan para la industria farmacéutica que nos pide que miremos la luna y no el dedo, pues en este excepcional caso no hay que perder ningún movimiento del pase de manos realizados con su arte de birlibirloque por estos hábiles prestidigitadores, escamoteadores de la verdad y divulgadores de la desinformación.
Por ejemplo, Franco Locatelli, presidente del Consejo Superior de Salud, y miembro del comité técnico científico que apoya la Protección Civil y el gobierno italiano, en declaraciones al Corriere Della Sera, sostuvo: «No hay evidencia de que este fue el mecanismo por el cual se generó el Sars Cov 2. Todos los grupos internacionales comparten la secuencia de cepas aisladas del nuevo coronavirus y ese escenario nunca ha sido hipotetizado». Esto es cierto, pero por la misma época en que TGR Leonardo difundió ese informe de Maurizio Menicucci, fueron propuestos otros escenarios hipotéticos donde se especulaba la cantidad de muertes que provocaría una epidemia. El mismo año en que se presentó el informe de Menicucci y se estrenó Between, Bill Gates predecía una próxima epidemia en una charla TED de 2015. En dicha ocasión, Gates dijo que el mundo «no estaba preparado para la próxima epidemia». Tan seguro estaba que, en diciembre de 2016, advirtió al expresidente Donald Trump, sobre los peligros de una pandemia. Y una discusión de 2018 sobre epidemias organizada por la Sociedad Médica de Massachusetts y el New England Journal of Medicine, Gates dijo que podría ocurrir una pandemia en la próxima década. ¿Y después se pretende que no se relacionen ese coronavirus de 2015 con el SARS-CoV-2 ?
Entrevistado por La Reppublica, el más importante diario italiano de información general que se imprime y edita en Roma. Fausto Baldanti, virólogo de la Universidad de Pavía y del Policlínico San Matteo, declaró: «El genoma de ese microorganismo no es el mismo que Covid-19. Un virus natural y uno creado en el laboratorio son perfectamente distinguibles». En su cuenta de Twitter, también el virólogo Roberto Burioni, médico y académico italiano, profesor de microbiología y virología en la Universidad Vita-Salute San Raffaele de Milán, donde dirige un laboratorio de desarrollo de anticuerpos monoclonales humanos contra agentes infecciosos humanos, el estudio de la interacción patógeno-huésped y el uso de herramientas moleculares en el diagnóstico precoz de enfermedades infecciosas, defiende la tesis de que el coronavirus de los murciélagos y el SARS-Co 2, no son la misma cosa: «La última tontería es la derivación del coronavirus de un experimento de laboratorio. No te preocupes, lamentablemente, es 100% natural».
¿100% natural? El Dr. Luc Montagnier, eminente biólogo y virólogo francés, que ganó el Nobel de Medicina en el 2008 por participar en el descubrimiento del virus del SIDA (VIH), piensa justamente todo lo contrario. Cuando en abril de 2020, apenas comenzada la pandemia, Montagnier aseguró a la web médica «Pourquoi Docteur?» que el SARS-CoV-2, el patógeno que está provocando la actual crisis sanitaria global, contiene algunas secuencias idénticas a las del VIH. Según el prestigioso científico, la teoría de que el coronavirus se originó en un mercado de animales vivos en Wuhan «es una bella leyenda, pero no es posible» y que el coronavirus causante de la Covid-19 es una fabricación humana, obra del laboratorio de Wuhan. Según Montagnier, se trató de una fuga accidental mientras investigaban una vacuna contra el SIDA. El «consenso científico» es que el SARS-CoV2 es «100% natural», derivado de un virus de murciélago, pero a más de un año de haberlo identificado, salvo algunas voces aisladas, a menudos acalladas, no hay una investigación internacional independiente de intereses creados, que pueda darnos certeza sobre el verdadero origen de este virus.
Montagnier concluyó que el virus fue creado en Wuhan por biólogos moleculares que insertaron secuencias de ADN del VIH en un coronavirus como parte de su trabajo para encontrar una vacuna contra el SIDA. De acuerdo con Montagnier: «Ha habido una manipulación del virus: al menos una parte, no la totalidad. Hay un modelo, que es el virus clásico, que proviene principalmente de los murciélagos, pero al que se han agregado secuencias de VIH. En cualquier caso, no es natural. Es el trabajo de profesionales, de biólogos moleculares. Un trabajo muy meticuloso. ¿Con qué objetivo? No lo sé. Una hipótesis es que querían crear una vacuna contra el SIDA». La posibilidad de que el Coronavirus (COVID-19) sea una versión del SARS fabricada en laboratorio para convertirla en un arma biológica, con trazas de VIH, también fue sostenida por el abogado de derechos humanos y experto en armas químicas y biológicas, Francis Boyle.
Varios de los que nos piden que no miremos su dedo, sino la luna, tratando de convencernos de que no es necesario investigar el tema, como Anthony Fauci, director de uno de los Institutos Nacionales de Salud (INS) de Estados Unidos, y Peter Daszak, de la EcoHealth Alliance, han estado involucrados por varios años en la investigación del laboratorio de Shi Zhengli en el Instituto de Virología de Wuhan, China, en un proyecto financiada por el INS para aumentar la infectividad a humanos de un virus de SARS que es el antecedente más cercano que se conoce al SARS-CoV 2 y que bien podría ser ese virus del que en 2015 nos hablaba Maurizio Menicucci en su informe para TGR Leonardo. Desde el comienzo, primero con George W. Bush, luego con Barak Obama y después con Donald Trump, el intrigante Anthony Fauci se las arreglado para mantener posiciones de liderazgo en el sector. En la pandemia, ha sido la persona oficial de referencia. Desde 2003, Fauci lideró programas de biodefensa que manipulaban virus, incluso colectados en China y los defendió frente a la protesta de cientos de científicos que exigieron que esos fondos debían ser para enfermedades que afectaban mucho más a la población del país. En un post de Instagram, Robert Kennedy Jr. expone la complicidad del Dr. Anthony Fauci en el desastre de Wuhan:
«El Daily Mail hoy reporta que ha descubierto documentos que muestran que el Instituto de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) de Anthony Fauci le dio $3.7 millones de dólares a los científicos en el Laboratorio de Wuhan en el centro del escrutinio por la filtración del Coronavirus. De acuerdo con el documento británico, “el subsidio federal financió experimentos en murciélagos de las cuevas donde se cree que el virus se originó”. Antecedentes: siguiendo el brote del SARS coronavirus del 2002-2003, el Instituto Nacional de la Salud (INS) financió una colaboración por científicos chinos, virólogos del ejército de E.U. del laboratorio de bio-armas en el Fuerte Detrick y científicos del INS del NIAID para prevenir futuros brotes de coronavirus al estudiar la evolución de cepas virulentas de murciélagos en tejido humano. Esos esfuerzos incluyeron investigación de aumento de funcionalidad que usó un proceso llamado de “evolución acelerada” para crear los súper bichos de la Pandemia del COVID: mutantes COVID mejorados, nacidos de murciélagos más letales y transmisibles que el coronavirus silvestre. Los estudios de Fauci alarmaron a científicos alrededor del mundo que se quejaron, de acuerdo con un artículo del NY Times de diciembre del 2017 de que “estos investigadores arriesgan crear un germen monstruo que podría escapar del laboratorio y germinar una pandemia”. El Dr. Mark Lipsitch del Centro de Enfermedades Contagiosas de la Escuela de Salud Pública Harvard le dijo al Times que los experimentos del NIAID del Dr. Fauci “nos han dado algo de conocimiento científico modesto y han hecho casi nada para mejorar nuestra preparación para pandemias, y aun así arriesgaron el crear una pandemia accidental”. En octubre de 2014, luego de una serie de accidentes en el laboratorio federal que apenas evitó liberar estos virus mortales diseñados, el presidente Obama ordenó frenar todo el financiamiento federal para los peligrosos experimentos de Fauci. Ahora parece que el Dr. Fauci podría haber evitado las restricciones federales al cambiar la investigación al laboratorio militar en Wuhan. El Congreso necesita lanzar una investigación de los daños de NIAID en China».
Kennedy también expone a dos de los otros supuestos «expertos de salud», en el equipo del expresidente Donald Trump, Robert Redfield y Deborah Birx: «Redfield, Birx y Fauci lideran el grupo de trabajo coronavirus de la Casa Blanca. En 1992, dos investigadores militares acusaron a Redfield y Birx de participar en ‘un patrón sistemático de manipulación de información, análisis estadísticos inapropiados y presentación de información engañosa en un aparente intento de promover la utilidad de la vacuna GP160 AIDS.’ Un tribunal de la Fuerza Aérea encargado de fraude y mala conducta científica concluyó que la información “engañosa o, posiblemente falsa” de Redfield “amenaza seriamente su credibilidad como investigador y tiene el potencial de impactar negativamente la financiación de la investigación de VIH para las instituciones militares como una unidad. Su supuesto comportamiento poco ético crea falsa esperanza y podría resultar en un despliegue prematuro de la vacuna”. El tribunal recomendó investigación por un “cuerpo investigativo exterior completamente independiente”. El Dr. Redfield confesó a los interrogadores de la D.O.D. (Departamento de Defensa de los Estados Unidos) y al tribunal, que sus análisis eran defectuosos y engañosos. Acordó corregirles públicamente. Después, continuó haciendo sus falsas aseveraciones en tres conferencias internacionales de VIH, y se implicó en testimonio ante el Congreso, jurando que su vacuna curaba el VIH. Su maniobra funcionó. Basado en su testimonio, el Congreso se apropió de $20 millones de dólares para el ejército para apoyar el proyecto de investigación de Redfield/Birx. La organización sin fines de lucro Public Citizen se quejó en una carta de 1994 ante Henry Waxman de la Comisión del Congreso de que ese dinero ocasionaba que el Ejército matara la investigación y “blanqueaba” los crímenes de Redfield. El fraude impulsó a Birx y a Redfield a carreras estelares como funcionarios de salud. Documentos obtenidos vía Tom Paine».
Aunque el gobierno chino y la mayoría del establishment político y científico continúa apoyando la historia oficial del inicio de la pandemia en la «sopa de murciélago en el mercado», una buena parte de la opinión pública internacional, los insidiosamente llamados «negacionistas» o «antivacunas», se resiste a aceptar la versión de que el SARS-Co 2 es «100% natural». Como se reportó en el Sunday Times del Reino Unido: «De acuerdo a la encuesta de la Investigación de Pew, sólo 43 por ciento piensan que el virus surgió naturalmente, mientras un 29 por ciento cree que fue creado en un laboratorio». ¿Y por qué no habríamos de creer que el SARS-Co 2, fue creado en un laboratorio cuando existen advertencias previas a la pandemia que ya alertaban sobre esa posibilidad? Desde hace más de una década se han estado usando virus de SARS y MERS (otros coronavirus), recombinándolos en laboratorio, a menudo con sistemas de inteligencia artificial, para producir mayor infectividad en humanos, a ver hasta dónde podrían llegar. Técnicamente, a esto se le llama «ganar funciones» (gain-of-function) para los virus, vale decir, un tipo de mutación en la que el producto génico alterado del patógeno posee una nueva función molecular o un nuevo patrón de expresión génica. Las mutaciones de ganancia de función son casi siempre dominantes o semidominantes. Ocho años antes de la pandemia, Lynn C. Klotz, investigadora principal del Center for Arms Control and Non-Proliferation y miembro desde hace tiempo del Scientists’ Working Group on Chemical and Biological Weapons, había alertado sobre los riesgos de las armas biológicas en su artículo «The unacceptable risks of a man-made pandemic», publicado en el Bulletin for Atomic Scientists. Escribe la Dra. Klotz:
«Un simple análisis matemático da verdaderos motivos de preocupación sobre la manipulación de estos peligrosos virus. Consideremos que la probabilidad de que se produzca una fuga de un solo laboratorio en un solo año es de 0,003 (es decir, el 0,3%), una estimación que es conservadora a la luz de diversas evaluaciones gubernamentales de riesgo para los laboratorios biológicos y de la experiencia real en los laboratorios que estudian patógenos peligrosos. Calculando a partir de esta probabilidad, harían falta 536 años para que hubiera un 80% de posibilidades de que se produjera al menos una fuga en un solo laboratorio. Pero con 42 laboratorios que llevan a cabo investigaciones de PPP en vivo, esta probabilidad básica del 0,3 por ciento se traduce en una probabilidad del 80 por ciento de que se produzca un escape de al menos uno de los 42 laboratorios cada 12,8 años, un intervalo de tiempo menor que los que han separado las pandemias de gripe en el siglo XX. Este nivel de riesgo es claramente inaceptable. (Se puede encontrar un análisis detallado, argumentos adicionales, documentación y justificación matemática de estas conclusiones en el informe de investigación escrito por uno de nosotros, "Sharpening Our Intuition on Man-made Pandemics"). Por muy terrible que sea una pandemia provocada por la fuga de una variante del virus H5N1, es el SARS el que presenta ahora el mayor riesgo. La preocupación no es tanto por la reaparición de un brote natural de SARS como por la posibilidad de que se produzca otra fuga de un laboratorio que lo investiga para protegerse de un brote natural. El SRAS ya se ha escapado de los laboratorios en tres ocasiones desde 2003, y una de ellas provocó varias infecciones secundarias y una muerte».
Señalando que una pandemia producida por seres humanos podría suceder en un máximo de 12 años con 80 por ciento de probabilidades. Ocurrió dos años del tiempo previsto en ese artículo, pero la alerta se encendió cuando ese mismo año en que publicó su trabajo, algunos experimentos que se hicieron para lograr que la gripe aviar infectara hurones (que antes no eran susceptibles a la enfermedad) indignó a una gran cantidad de científicos y en 2014 se suspendieron los programas para este tipo de investigación. Esto precipitó que algunos de los que estaban en este tipo de investigación, como Ralph Baric y Peter Daszak, buscarán más colaboración con laboratorios en otros países, ya que no podían hacerlo en Estados Unidos. Desde entonces, la organización EcoHealth Alliance, que preside Daszak, ha estado canalizando fondos del gobierno de Estados Unidos a varios laboratorios extranjeros, entre ellos el de Wuhan. En referencia a las armas biológicas diseñadas sobre la estructura de la gripe aviar, en un artículo posterior, «The pandemic risk of an accidental lab leak of enhanced flu virus: unacceptably high», publicado el 26 de junio de 2020, también en el Bulletin for Atomic Scientists, la misma autora señala:
«Según la Organización Mundial de la Salud, los virus de la gripe estacional se extienden por todo el mundo en uno o dos años, infectando entre el 10 y el 25 por ciento de la población mundial y causando entre 290.000 y 650.000 muertes. Con una población mundial de unos 8.000 millones de personas, la tasa de mortalidad se sitúa entre el 0,0036% y el 0,0081%. No es de extrañar que la gripe estacional no nos parezca especialmente peligrosa a muchos de nosotros. Es probable que ninguno de nosotros o de nuestros conocidos cercanos muera. En cambio, si el virus de la gripe fuera creado en un laboratorio, se liberara de algún modo fuera del laboratorio en la comunidad, se propagara por todo el mundo y causara entre 290.000 y 650.000 muertes, nos indignaríamos porque algún laboratorio causara esas muertes. ¿Por qué considerar el riesgo de un accidente de laboratorio que libere un virus de la gripe en la comunidad? Porque los científicos de varios países siguen realizando las llamadas mejoras de estos virus en los laboratorios. Aunque no todas las gripes afectan a los humanos, algunos laboratorios han realizado experimentos para modificar los virus de la gripe aviar (o de las aves) con el fin de hacerlos transmisibles a los mamíferos. Cada instalación que lleve a cabo investigaciones con patógenos peligrosos creados en laboratorio debe asumir las consecuencias de cualquier pandemia provocada por su liberación en la comunidad. Hay al menos tres formas de que esto ocurra: 1º.- Una infección adquirida en el laboratorio no detectada o no declarada en la que el trabajador infectado sale del laboratorio y va a la comunidad al final de la jornada laboral. Este es el único escenario de liberación para el que existen datos considerables, por lo que es posible estimar la probabilidad de liberación desde un laboratorio; 2º.- Caracterización errónea de un virus como inofensivo, por lo que se retira por completo de la biocontención o se traslada a laboratorios con niveles de bioseguridad más bajos (por ejemplo, del nivel de bioseguridad 3 al nivel de bioseguridad 2) para su posterior investigación; 3.- Liberación intencionada en la comunidad por un trabajador de laboratorio mentalmente inestable o por alguien con malas intenciones. ¿Por qué crear patógenos peligrosos en un laboratorio? La investigación con virus creados o mejorados en el laboratorio no es rara. De hecho, 14 instituciones de Estados Unidos, los Países Bajos, China y otros países realizan investigaciones sobre influencias aviares altamente patógenas creadas en laboratorio que se han convertido en transmisibles por el aire o por contacto a los mamíferos, o sobre cepas de gripe humana pandémica como la de 1918, a la que las personas pueden ya no tener inmunidad».
Como observan Li-Meng Yan & Adrian David Cheok, coautores del artículo «Unusual Features of the SARS-CoV-2 Genome Suggesting Sophisticated Laboratory Modification as a Biological Robot Rather than Natural Evolution and Delineation of Its Probable Synthetic Route» (2021), publicado en la revista Global Journal of Computer Science and Technology: G Interdisciplinary, la tesis oficialista de que el SARS-CoV-2 tiene un «origen natural y zoonótico (de animales y, en particular, de murciélagos y pangolines)» es apoyada por la mayoría de los expertos, no se sostiene por sí misma, mientras que la teoría alternativa de que el virus pudo proceder de un laboratorio, en vez de ser investigada, está estrictamente censurada en las revistas científicas revisadas por pares, lo que no hace más que reforzar las sospechas de que la tesis oficialista oculta la responsabilidad :
«La pandemia COVID-19 causada por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 ha provocado más de 4,24 millones de muertes en todo el mundo y una diezma sin precedentes de la economía mundial. A pesar de su tremendo impacto, el origen del SARS-CoV-2 ha seguido siendo misterioso y controvertido. La teoría del origen natural, aunque ampliamente aceptada, carece de apoyo sustancial. Sin embargo, la teoría alternativa de que el virus pudo proceder de un laboratorio de investigación está estrictamente censurada en las revistas científicas revisadas por pares. No obstante, el SARS-CoV-2 muestra características biológicas que no son coherentes con un virus zoonótico de origen natural. En este informe, describimos las pruebas genómicas, estructurales, médicas y bibliográficas que, consideradas en conjunto, contradicen fuertemente la teoría del origen natural. Las pruebas demuestran que el SARS-CoV-2 debe ser un producto de laboratorio creado utilizando los coronavirus de murciélago ZC45 y/o ZXC21 como patrón y pilar».
Tal vez haya quienes crean que no deberíamos de preocuparnos mucho, dado que contamos con una superproducción de vacunas anti-COVID, pero si se tiene en cuenta que estas vacunas están financiadas por los magnates tecnológicos, el gobierno chino, la industria farmacéutica y la Fundación de Bill y Melinda Gates o, probablemente, algunos de los mismos ingenieros que convirtieron en arma biológica el coronavirus, el panorama futuro se torna preocupante.
Pero volviendo a Between, no vi esta serie en Netflix cuando se estrenó en 2015, sino durante la cuarentena de 2020. Si bien desde el punto de la narrativa ficcional tiene un argumento bastante trillado, a saber: el exterminio de la humanidad por alguna catástrofe natural o generada artificialmente, lo que más me impresionó de esta serie es que el escenario descrito en la serie parecía un calco de la realidad, por lo que supuse que su director y guionista Michael McGowan estaba al menos en posesión de cierta información sobre los proyectos eugenésicos de algunos magnates tecnológicos que se proponen reducir la población mundial mediante el uso ilegal de armas biotecnológicas. Como dijimos al comienzo, a la elite global le encanta anticipar sus planes, sea a través de las novelas distópicas y de películas de ciencia ficción o por las portadas de la revista The Economist o una charla TED. Sin embargo, a veces también pueden presentarse bajo la forma de un memorando de estudio de Seguridad Nacional o de informes ambientales o económicos. Pocos meses antes de la renuncia de Richard Nixon a la presidencia, el 9 de agosto de 1974 tras el escándalo Watergate, la Secretaría de Estado comandada por Henry Kissinger entregó a la Casa Blanca el NSSM 200 o National Security Study Memo 200, un extenso análisis de la situación demográfica mundial que ofrecía, como solución para la estabilidad de los intereses de Estados Unidos, un extenso control de los recursos naturales no renovables, el control de natalidad y la producción de alimentos. En 2012, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, publicó un informe donde se exponía que las personas de la tercera edad representaban «un riesgo financiero» para la economía global. Para la entonces titular del organismo económico resultaba clave combinar el «aumento en la edad de jubilación y de las contribuciones a los planes» de pensiones con «recortes de las prestaciones futuras». El envejecimiento de la población, asegura, debe ser contrarrestado con tiempo para que no afecte a la estabilidad financiera, pública y privada. Instaba a tomar medidas enérgicas para hacer frente a este problema. El Fondo Monetario Internacional reconoce que aunque los Gobiernos y el sector privado se han estado preparando para las consecuencias financieras del envejecimiento de la población, se han basado en proyecciones demográficas de base que han subestimado constantemente cuántos años vive la gente. Ocho años después, de manera misteriosa, como en Between, se desata una epidemia que resulta más letal en los ancianos que en los jóvenes. Todo esto nos lleva a preguntarnos si el coronavirus es un arma biológica. Es posible que la pandemia del SARS-CoV-2, como el misterioso virus que causa estragos en mayores de veintidós años en Between, sea la puesta en escena de un proyecto de reingeniería social para medir la capacidad de reacción de los aparatos estatales de salud, de la modificación en las dinámicas interpersonales o de cuán lejos pueden llegar los seres humanos sometidos a situaciones de enorme estrés.

Nunca creí en el supuesto carácter profético de la literatura y el cine de ficción científica. Por el contrario, siempre me pareció que la llamada literatura de ficción científica con sus utopías y distopías, sus catástrofes climáticas con tremendos terremotos y arrasadores tsunamis, sus apocalípticas visiones de aniquiladoras guerras nucleares, sus remotas conquistas espaciales para colonizar lejanos mundos de nuestro sistema solar y de otros sistemas planetarios distintos del nuestro, sus contactos con civilizaciones alienígenas, sus viajes en el tiempo, sus mundos paralelos, sus sociedades tecnocráticas, sus dictaduras mundiales, los virus de diseño para provocar descontroladas pandemias, es una manera de exponer la agenda secreta de la élite global sin correr el riesgo de ser considerados como «conspiranoicos». Al igual que en el cuento de Edgar Allan Poe, The Purloined Letter [«La Carta Robada»] (1844), a la élite global le encanta poner en evidencia sus planes a la vista de quien quiera verlos, pero ocultos ante los ojos de aquellos que, parafraseando el tradicional proverbio chino, cuando el sabio les señala la luna, se quedan mirando el dedo.
Aplicado al mundo de la comunicación política conviene proceder a la inversa, sobre todo en los tiempos que corren, donde los sabios son cada vez más escasos y los sofistas más abundantes. Nos parece oportuno sugerir que cuando uno de los llamados «fact-checkers» —eufemismo que encubre a ciertos sofistas devenidos en operadores políticos o informadores mediáticos—, señale la luna, lo sensato es precaverse acerca de la posibilidad de un engaño y no dejarse atrapar como un chorlito en la trampa de su arte de birlibirloque, que muestra la mano mientras oculta el truco. No todo es «bulo» (fake news) ni «conspiranoia». Hay evidencia de que mucha información veraz suministrada por médicos y científicos es descalificada como una «fake news» por quienes se interesan en mostrar lo verosímil antes que la verdad. Quizás no huelgue recordar que verosímil es aquello que, sin ser estrictamente verdadero, tiene apariencia de verdadero, que resulta creíble para quien lo observa porque hay una coherencia y concordancia que no le genera al observador rechazo. Por la misma razón, no hay que distraerse ni quedar mirando el lugar hacia donde estos prestidigitadores de la comunicación política desean dirigir nuestra atención. Hay que quedarse mirando el dedo porque en lo evidente se encuentra aquello que desean ocultar a la vista de todos como en el cuento de Poe. Lo prudente es observar críticamente a quién realiza esa operación mediática y descubrir qué intenciones oculta al pretender atraer nuestra atención hacia el lugar contrario hacia donde nos conviene mirar. La recomendación debe extenderse igualmente a cualquier portavoz, verificador de hechos o analista de la actualidad. Escuchar con atención parejamente flotante lo que dice, investigar quién a qué sector político o ideológico representa y a qué intereses financieros o corporativos obedece en su intento de llamar nuestra atención hacia el efecto y distraernos de la causa que produce un determinado fenómeno. Solo mediante un análisis crítico y objetivo del discurso mediático de los comunicadores políticos se podrá leer entre líneas cuales son las verdaderas intenciones de la elite global.
Esto no significa, sin embargo, que todas las predicciones de la ciencia ficción se hayan convertido en realidad ni que lleguen forzosamente a serlo un día. Dudas y temores acerca de las amenazas que puede entrañar la tecnología y sobre la falibilidad de los hombres y de las máquinas los encontramos también en algunas películas «proféticas» sobre el futuro de la humanidad. Así la película francesa de ciencia ficción Alphaville, también conocida por su título original más extenso Alphaville, une étrange aventure de Lemmy Caution (1965), dirigida por Jean-Luc Godard, transcurre en una ciudad gobernada por el cerebro electrónico o inteligencia artificial de una supercomputadora Alpha 60 que controla toda la ciudad. Alpha 60 es un sistema informático ultra inteligente y omnisciente creado por un científico conocido como Profesor Von Braun. que tiene un completo dominio sobre todos los habitantes de Alphaville controlando sus mentes y sus acciones a través de un impulso energético que aturde a los ciudadanos y hace que se comporten de forma extraña y sumisa. Al igual que otras novelas, obras teatrales y películas de ciencia ficción distópicas como R.U.R. [Rossumovi Univerzální Roboti] (1920), una obra teatral de ciencia ficción escrita por el checo Karel Čapek; Brave New World (1932) de Aldous Huxley; Nineteen Eighty-Four (1949) de George Orwell; Fahrenheit 451 (1953) de Ray Bradbury, en Alphaville se muestra una sociedad futura de características totalitarias, donde sería obligatorio sacrificar la libertad y los sentimientos para conseguir la felicidad y el bien común. Como sociedad distópica, Alphaville posee muchas peculiaridades que indican que no es un lugar como los demás: muchachas sumisas y frías que se identifican como seductoras de nivel 3, diccionarios a los que se llama biblias y prohibición de palabras como por qué, amor o llorar, vale decir, palabras que expresen algún cuestionamiento o sentimientos. La Inteligencia Artificial de Alpha 60 es primero confundida y finalmente destruida al «alimentarla» con poesía, único medio de comunicación que no comprende.
El riesgo de dejar el control, sea de una ciudad o una nave espacial, en el completo dominio de la Inteligencia Artificial (IA) aparece también en la película 2001: A Space Odyssey (1968), novela de Arthur C. Clarke desarrollada en paralelo a la versión cinematográficadirigida por Stanley Kubrick, y publicada después del estreno del film, nos muestra a HAL 9000, una computadora de inteligencia artificial, que se encarga de mantener la nave en curso y de otras funciones vitales a bordo, encarna también los temores que suscita el gobierno de un sistema informático ultra inteligente y omnisciente. Desde comienzos del siglo XX el cine se ha encargado de llevar a la pantalla grande los mundos distantes y sociedades futuristas imaginados por los escritores de la literatura de anticipación. Fue un francés, Georges Meliès, pionero de la cinematografía de ciencia ficción, quien presentó por primera vez un viaje espacial en la pantalla, con Le Voyage dans la Lune (1902), basada en la obra de Julio Verne De la Terre à la Lune Trajet direct en 97 heures, novela publicada en el Journal des débats politiques et littéraires desde el 14 de septiembre hasta el 14 de octubre de 1865, y como un solo volumen el 25 de octubre de ese mismo año y en The First Men in the Moon (1901) escrita por el británico H. G. Wells. Hacia 1916 se habían filmado ya por lo menos tres versiones de Vingt mille lieues sous les mers (1869), novela que, como las demás de Julio Verne, con su mezcla de fantasía y de precisión científica, ha seguido tentando desde entonces a los realizadores cinematográficos. Jules Verne, considerado como el «padre del género literario de la ciencia ficción», no fue un clarividente ni un autor meramente imaginativo, fue también un lector curioso que se interesó por los avances científicos de su tiempo y un escritor escrupuloso que se documentó para componer cada una de las novelas de la serie de los Voyages Extraordinaires. Sus novelas son un eco literario de los avances científicos, las innovaciones tecnológicas y los grandes descubrimientos paleontológicos y geológicos de su época.
Una de las razones por la que las obras de ciencia ficción están rodeadas de una aureola fantástica, es que, al mismo tiempo, sus precisiones pueden situarse en un nivel más realista de la predicción científica. La literatura y el cine de ficción científica ofrecen el marco adecuado para anticipar futuros escenarios apocalípticos con pestes, hambrunas, guerras que causan un exterminio masivo de la especie humana, vale decir, para plantear situaciones distópicas que sus autores presienten como posibles, porque saben o disponen de una fuente de información con algún grado de certeza sobre lo que eventualmente podría ocurrir en un tiempo relativamente cercano. Obras del género literario de la ciencia ficción como The Time Machine (1895); A Modern Utopia (1905) o The Sleeper Awakes (1910) de H. G. Wells; Brave New World (1932) de Aldous Huxley o Nineteen Eighty-Four (1949) de George Orwell exploran las estructuras sociales de comunidades ficticias en un futuro distópico pero cuyos modelos son claras referencias a sociedades existentes, muchas de las cuales son o han sido estados totalitarios o sociedades en un estado avanzado de colapso.
Un argumento similar nos presenta Between una serie de la televisión canadiense clasificada en el género de la ciencia ficción combinada con el drama. La serie tiene dos temporadas de seis episodios cada una, de aproximadamente 40 minutos de duración, que permiten la continuidad de una secuencia narrativa que capítulo a capítulo muestra la solución al gran problema. Se estrenó el 21 de mayo de 2015 en el canal City TV y Netflix, fue creada, producida y dirigida por el realizador canadiense Michael McGowan y protagonizada por la joven actriz Jennette McCurdy. Como narrativa ficcional, Between nos cuenta una historia que se centra en el personaje de Wiley Day (Jennette McCurdy), una adolescente embarazada a punto de dar a luz, aunque la identidad del padre es un secreto muy bien guardado por la joven madre soltera, que vive en Pretty Lake, una pequeña ciudad en estado de sitio que ha sido aislada y sus habitantes puestos en cuarentena debido a una misteriosa enfermedad que hace estragos en la población mayor a los veintidós años.
Quizás no huelgue resumir el argumento. En la primera temporada, un inesperado y misterioso virus irrumpe en la pequeña ciudad de Pretty Lake, provocando una epidemia extraña que diezma a la población adulta mayor de veintidós años. Sin ningún tipo de advertencia los adultos comienzan a morir, las autoridades locales tratan de averiguar lo que acontece, pero no logran descubrir que es lo que sucede. Pronto la población adulta ira mermando de forma dramática, la incertidumbre y el pánico se apodera de los supervivientes, en su mayoría, niños y jóvenes menores. Dentro del caos ocasionado en el pueblo por la muerte de los adultos, el gobierno en vez de buscar ayuda para resolver el problema; decide aislar el pueblo de forma militarizada y crea un perímetro de 16 kilómetros a la redonda con cercas alrededor para impedir que alguien salga o que entre al pueblo. El entorno de Pretty Lake presenta las características de un pueblo aislado en el cual la mayoría de sus habitantes adultos han muerto. Cada escenario da a entender el desamparo, la anomia y devastación que ha sufrido el pueblo. Los distintos cambios de escenas muestran el estado de abandono que se ha apoderado del pueblo, haciéndose visible no solo en los ambientes exteriores sino también en los interiores, a través de los hogares vacíos y las tiendas saqueadas por la necesidad. Los supervivientes ignoran la causa de esa misteriosa enfermedad, se encuentran incomunicados con el mundo exterior, sin comida ni energía. La serie explora el vacío de poder a partir de una situación de anarquía que se produce cuando el gobierno crea un área aislada con un diámetro de 16 kilómetros, abandonando a todos los habitantes a su suerte. Después de que el Gobierno ha puesto el área en cuarentena, los jóvenes supervivientes deberán encontrar la forma de sobrevivir por su cuenta. Adicional a todo lo que están sufriendo el gobierno les pide a los jóvenes que reúnan los cadáveres y que los cremen, para evitar una epidemia.
La causa de esa devastación es un extraño virus, aparentemente diseñado como arma biotecnológica, irrumpe invasoramente en Pretty Lake, alterando la vida tranquila de todos sus habitantes, primero trastornando su normalidad, luego causando la muerte misteriosa de todos los mayores de veintidós años. En adelante, la trama se desarrolla en torno a los jóvenes supervivientes, a sus luchas y conflictos por la subsistencia, situación que saca en algunos lo mejor y en otros lo peor de sí mismos. Enteradas de lo sucedido, las autoridades declaran a Pretty Lake la cuarentena aislando a todos los sobrevivientes del pueblo, en su mayoría menores, dejándolos sin alimento ni energía. Los jóvenes se muestran dispuestos a todo por sobrevivir y escapar convirtiendo a todas las personas vivas en sus enemigos. Tras muchas investigaciones realizadas por Adam, quién en el transcurso de la temporada descubrió ser el único inmune a dicho virus, y Wiley, se descubre que el verdadero enemigo de los habitantes de Pretty Lake es el gobierno que no busca ayudarlos si no exterminarlos. Los jóvenes se ven envueltos en lo que aparenta ser un experimento de reingeniería social.
En la segunda temporada todo da un giro sorpresivo cuando los habitantes del pueblo descubren que la supervivencia depende de la solidaridad y la cooperación entre todos, entonces comienzan a cuidarse unos a otros, a tratarse como compañeros que están compartiendo la misma suerte y dejan de verse como enemigos y competidores. De manera inesperada llega al pueblo Liam, un científico enviado por el gobierno que supuestamente vino a curar a todas las personas con una vacuna; tras muchas dudas e investigaciones Wiley decide confiar en su ayuda pero Adam no está tan seguro y logra demostrarles a todos que simplemente son un experimento para el científico, por lo que decide salir del pueblo para buscar ayuda en el exterior. Con pruebas contra el gobierno, Adam busca presionarlos para que salven a Pretty Lake y soborna al laboratorio para el que trabaja Liam y lograr salvar a sus amigos. Es así como consigue que se aplique la muestra de la vacuna a sus amigos sacándolos de inmediato de la cuarentena. Como se había encontrado la cura, seis meses más tarde el laboratorio habría vacunado a todas las personas vivas de Pretty Lake; pero no todo es alegría, la ambición por el dinero acabaría con el planeta, el laboratorio soltó el virus para generar una pandemia, son los únicos que tienen la cura.
Durante las dos temporadas, la joven protagonista es la hija de un pastor, Wiley Day, una adolescente de 17 años con un embarazo muy avanzado que no revela quien es el padre de su hijo. En torno a ella se genera mucha intriga sobre lo que le sucedió. Es una joven problemática a la que le tocó ver morir a su padre y al padre de su hijo a causa del virus que se expandió en el lugar donde vivía, lo que hace que al principio de la historia sea una persona solitaria e indiferente a la situación de emergencia por la que atraviesa su pueblo. Wiley comprende que para sobrevivir a la cuarentena debe cambiar de actitud, necesita madurar y hacerse fuerte no solo para salir adelante junto a su hijo, sino también para salvar a sus amigos de Pretty Lake. Su pareja romántica, Adam Jones, un joven tímido e inteligente de 17 años que se mudó a Pretty Lake tres años atrás a la epidemia, que es la única persona dentro del pueblo inmune al virus. Adam Jones representa el estereotipo del nerd, inteligente pero socialmente retraído.
Cuando el pueblo queda sin adultos ni autoridades, la anomia hace que todo se vuelva un descontrol. La toma de control, estará generada tan solo por los chicos adolescentes; que serán quienes tomen las decisiones sobre la administración de suministros y cuidado de los niños huérfanos. No será fácil la situación y en más de una ocasión la anomia social amenaza con apoderarse del juicio y de la cordura. Por supuesto no podía faltar entre los personajes el hijo del dueño de muchas de las tiendas del pueblo, o sea el niño rico Chuck Lott quien intentará imponer un orden y control en el pueblo. Chuck Lott, hijo del dueño de varias concesionarias de autos, toma el control de la situación. A lo largo de la serie, se ve como muchos están de acuerdo con esto, y otros no, generando conflictos entre los personajes. Chuck Lott un joven de 18 años, popular y de carácter dominante, el típico macho alfa, es la contrafigura de Adam Jones. Chuck está convencido de que por ser el hijo de la persona más poderosa del pueblo y único vivo de su familia, le da derecho a convertirse en el líder de los jóvenes sobrevivientes. Es dueño de una fuerte personalidad, al contrario de Adam Jones, es seguro de sí mismo, pedante y engreído, que puede imponer la ley en el pueblo por su posición social. Su única intención es proteger a los supervivientes pero su inmadurez lo lleva a tomar decisiones incorrectas. La muerte de su hermana menor, Amanda, lo ayuda a madurar, se convierte en un líder totalmente positivo que mantiene la misma actitud protectora que al principio pero ahora tomando la actitud adecuada escuchando y teniendo el apoyo de sus amigos, los cuales unidos pudieron mantener en orden a Pretty Lake.
Ambos terminan uniendo fuerzas. Cuando el virus se expande por la ciudad, Adam ve morir a su madre. Al darse cuenta de que la ciudad fue aislada del resto del mundo, Adam le propone a Wiley escapar de la ciudad, pero ella rechaza la idea. Adam intenta escapar solo pero es descubierto por los guardias que están del otro lado de la cerca para evitar que los habitantes de Pretty Lake escapen y uno de ellos le dispara. Después de sobrevivir al disparo, Adam sigue investigando la causa del virus y encuentra a un hombre sospechoso. El deduce que Lana Lott, hermana menor de Chuck, fue asesinada y cuando los cuerpos de las víctimas son cremados, encuentra a Wiley entre ellos y la salva. Intenta escapar del pueblo junto con Wiley, pero un campo minado hace que ambos vuelvan al pueblo. Tras varios días investigando la escena del crimen de Lana, Adam deduce que Pat estuvo detrás del asesinato, pero el joven que está enemistado con Chuck le revela que Lana se suicidó.
Amy Symonds es una joven profesora de 21 años. Ella se mudó a Pretty Lake justo después de que su novio rompió con ella. Ella es inteligente y afectuosa, muy querida por todos. Cuando el virus se propaga por la ciudad, Amy se muestra disconforme con las medidas que el Gobierno debe tomar. Estando en el bar en el cumpleaños de Amy, la electricidad vuelve y Amy muere infectada por el virus, al cumplir veintidós años. Adam queda confundido observándola. Adam empieza a creer que un hombre esta atrás de la enfermedad de la ciudad, va a la prisión de Pretty Lake y Ellen, una oficial de 32 años que reside en la localidad y es una adulta mayor de veintidós años a la que el virus no le ha infectado. Ellen es una mujer ruda y cínica que anteriormente estaba en el ejército, empieza a investigar a Adam, y al verlo en la prisión, que en realidad funciona como un centro de operaciones militares, lo persigue e intenta matarlo. Adam escapa de ella para evitar ser asesinado y es salvado por su padre, quien asesina a Ellen de un disparo en el estómago. Su padre le explica que encontró una salida para escapar del pueblo y lo insta a irse pronto. Adam escapa, pero decide regresar al pueblo y advertirles sobre la mentira del gobierno, que no pretenden salvarlos, sino exterminarlos. El entra a la iglesia y les cuenta a todos que el gobierno planeaba matarlos y que debían prevenirlo. Adam junto con otros personajes recurrentes, Chuck, Gord, Ronnie, Mark, Tracey, Pat, John y Samantha, se escabullen en la prisión, pero rápidamente son acorralados. Adam logra llegar a la sala de control, y su padre trata de evitar que salve a la ciudad. Descubre que su padre se encuentra implicado en la conspiración y asesina a su padre para salvar a los habitantes del pueblo. Wiley se acerca con Jason hacia él, y Adam le revela que sabía cómo escapar.
Subestimada como una típica serie dirigida a un público adolescente, Between no pretende ser original, en cuanto a la trama argumental de la narrativa ficcional, pero presenta un escenario que si bien para 2015 era impensable, a partir de 2020, sabemos que es posible. Hasta 2015, la posibilidad de provocar una pandemia como parte de un experimento de reingeniería social no resultaba verosímil en la realidad, sin embargo, en el marco de la historia hay una coherencia y concordancia en Between que no le genera al espectador rechazo, sino más bien todo que lo que entonces era la tesis de una aterradora posibilidad le permitía adentrarse en la trama y seguir cada suceso con atención y expectativa. Lo verosímil en una película depende de la coherencia y concordancia que el guionista sepa aportarle a una trama, porque justamente eso es lo que la hará verosímil y en 2015 cualquier equiparación con la realidad parecía verosímil, pero no verdadero. En 2020, con una pandemia en curso, el espectador vio a Between con otros ojos, porque la ficción permitía un hacer parangón con lo real, con lo cotidiano, con algo que era posible que suceda. Desde hace mucho tiempo se corren rumores acerca de experimentaciones con armas biológicas, primero en animales y después en seres humanos. Es un secreto a voces, pero la guerra biológica es posible en estos días. La serie pone en evidencia la existencia de laboratorios que son capaces de crear un virus como un arma biotecnológica que, de manera intencional o accidental, es capaz de poner a la humanidad en riesgo de extinción. El bioterrorismo era considerado hasta no hace mucho tiempo pura ciencia-ficción, pero en la actualidad, mediante la biotecnología aplicada a fines militares, se pueden modificar genéticamente microorganismos patógenos que ya se encontraban en nuestro planeta antes que la propia existencia del hombre y convertirlos en potentes armas biológicas. El uso de microorganismos (virus, bacterias) o agentes bioactivos (toxinas) o cualquier otro patógeno (hongo, parásito, protozoos, mohos, etc.) o agente infeccioso que produzca enfermedades mortales, son diseñadas en los laboratorios como arma de guerra con el fin de contaminar sus fuentes de agua o alimentación o de minar el sistema inmunológico de las fuerzas militares enemigas y a la población civil, es lo que conocemos como guerra biológica.
La información obtenida de los Gobiernos, los organismos internacionales, las asociaciones médicas y la industria farmacéutica, permite constatar el empleo de los avances científicos de una manera indebida. La propagación deliberada de ciertas enfermedades, como la fiebre tifoidea, el carbunco y la viruela, con ánimo de sembrar el terror, causar daño o provocar muertes; la alteración de patógenos existentes como el coronavirus para provocar enfermedades más letales; la creación de ciertos virus a partir de materiales sintéticos, según se ha demostrado con la reconstitución del virus de la poliomielitis —cuyos resultados fueron publicados en julio de 2002—, todo hace prever un posible uso futuro de agentes biológicos contra poblaciones específicas. Se sabe en algunos círculos científicos que existen nuevos métodos para la propagación secreta de agentes biológicos que se producen naturalmente, a fin de alterar, en las poblaciones destinatarias, procesos fisiológicos tales como la conciencia, el comportamiento o la fertilidad. También hay conocimiento científico sobre la producción de agentes biológicos para atacar la infraestructura agrícola o industrial, donde la liberación, aunque fuese «accidental», de tales agentes podría tener efectos incontrolables y desconocidos en el medio ambiente natural y en la salud de los seres humanos.
A esta altura no es ningún secreto que, desde la finalización de la Guerra Fría, algunos países han seguido desarrollando armas biológicas, en contravención del derecho internacional. En los últimos años, se ha descubierto que los gobiernos no son los únicos que lo han hecho. Ahora se sabe que el mundo también está ante la amenaza de las elites globales que financian proyectos biotecnológicos de organizaciones no estatales para perpetrar ataques directos contra la población civil. En noviembre de 2015, TGR Leonardo, programa de divulgación científica de RAI 3, emitió un reportaje, firmado por Maurizio Menicucci, donde se afirma que los científicos chinos habían creado un «supervirus pulmonar de murciélagos y ratones» para «fines de estudio». El conductor del programa presenta así el informe de Maurizio Menicucci: «Científicos chinos crean un supervirus pulmonar en murciélagos y ratones. Se presume que es por motivos de investigación, pero la gente se pregunta: ¿vale la pena el riesgo que supone? Es solo un experimento, sí, pero preocupa. Un grupo de investigadores chinos insertaron una proteína procedente de murciélagos al virus del SARS provocando una pulmonía aguda en ratones, y que podría afectar a los seres humanos. Está confinado en laboratorio y sirve sólo de estudio, pero ¿vale la pena correr el riesgo que supone crear una amenaza así, solo para poder examinarla?». La voz de Maurizio Minicucci en off relata que «un grupo de investigadores chinos injertó una proteína de superficie tomada de murciélagos en un virus que causa Sars derivado de ratones, creando un supervirus que podría afectar a los humanos».
En 2020, el informe presentado en 2015 por Maurizio Menicucci, comenzó a viralizarse en las redes sociales presentando el vídeo como una prueba de que el Sars-CoV-2 (el coronavirus actual) fue creado en un laboratorio y después escapó —deliberada o accidentalmente— al control de los científicos chinos. Según esta hipótesis, los investigadores de Wuhan lo habrían concebido como un arma bioterrorista, pero luego lo habrían dejado escapar, dando lugar a la pandemia actual. Por supuesto, que una legión de siempre «bien informados» fact-checkers salieron como una bandada graznante y repetidora de aves parlanchinas a desmentir que el Sars-CoV-2 fue creado en laboratorio, tratando de «conspiranoicos» a quienes hacían relación entre aquel experimento de 2015 y el coronavirus actual. Nuevamente los formadores de opinión pública nos piden que no miremos el dedo que señala la luna, lo que es completamente necio cuando quien apunta su índice hacia el astro nocturno es un sabio digno de confianza, pero es imprudente no hacerlo cuando quienes señalan la luna, no son sabios, sino esbirros al servicio de los grandes intereses corporativos. En este caso, lo prudente e inteligente es no distraernos mirando hacia el lugar que se quiere atraer nuestra atención, sobre todo, si el dedo que señala es el de un mercenario «verificador de hechos», un empleado al servicio de las grandes corporaciones periodísticas, un político corrupto, un psicópata ávido de poder como algunos conocidos magnates tecnológicos que financian costosos proyectos biotecnológicos o una legión de científicos inescrupulosos que trabajan para la industria farmacéutica que nos pide que miremos la luna y no el dedo, pues en este excepcional caso no hay que perder ningún movimiento del pase de manos realizados con su arte de birlibirloque por estos hábiles prestidigitadores, escamoteadores de la verdad y divulgadores de la desinformación.
Por ejemplo, Franco Locatelli, presidente del Consejo Superior de Salud, y miembro del comité técnico científico que apoya la Protección Civil y el gobierno italiano, en declaraciones al Corriere Della Sera, sostuvo: «No hay evidencia de que este fue el mecanismo por el cual se generó el Sars Cov 2. Todos los grupos internacionales comparten la secuencia de cepas aisladas del nuevo coronavirus y ese escenario nunca ha sido hipotetizado». Esto es cierto, pero por la misma época en que TGR Leonardo difundió ese informe de Maurizio Menicucci, fueron propuestos otros escenarios hipotéticos donde se especulaba la cantidad de muertes que provocaría una epidemia. El mismo año en que se presentó el informe de Menicucci y se estrenó Between, Bill Gates predecía una próxima epidemia en una charla TED de 2015. En dicha ocasión, Gates dijo que el mundo «no estaba preparado para la próxima epidemia». Tan seguro estaba que, en diciembre de 2016, advirtió al expresidente Donald Trump, sobre los peligros de una pandemia. Y una discusión de 2018 sobre epidemias organizada por la Sociedad Médica de Massachusetts y el New England Journal of Medicine, Gates dijo que podría ocurrir una pandemia en la próxima década. ¿Y después se pretende que no se relacionen ese coronavirus de 2015 con el SARS-CoV-2 ?
Entrevistado por La Reppublica, el más importante diario italiano de información general que se imprime y edita en Roma. Fausto Baldanti, virólogo de la Universidad de Pavía y del Policlínico San Matteo, declaró: «El genoma de ese microorganismo no es el mismo que Covid-19. Un virus natural y uno creado en el laboratorio son perfectamente distinguibles». En su cuenta de Twitter, también el virólogo Roberto Burioni, médico y académico italiano, profesor de microbiología y virología en la Universidad Vita-Salute San Raffaele de Milán, donde dirige un laboratorio de desarrollo de anticuerpos monoclonales humanos contra agentes infecciosos humanos, el estudio de la interacción patógeno-huésped y el uso de herramientas moleculares en el diagnóstico precoz de enfermedades infecciosas, defiende la tesis de que el coronavirus de los murciélagos y el SARS-Co 2, no son la misma cosa: «La última tontería es la derivación del coronavirus de un experimento de laboratorio. No te preocupes, lamentablemente, es 100% natural».
¿100% natural? El Dr. Luc Montagnier, eminente biólogo y virólogo francés, que ganó el Nobel de Medicina en el 2008 por participar en el descubrimiento del virus del SIDA (VIH), piensa justamente todo lo contrario. Cuando en abril de 2020, apenas comenzada la pandemia, Montagnier aseguró a la web médica «Pourquoi Docteur?» que el SARS-CoV-2, el patógeno que está provocando la actual crisis sanitaria global, contiene algunas secuencias idénticas a las del VIH. Según el prestigioso científico, la teoría de que el coronavirus se originó en un mercado de animales vivos en Wuhan «es una bella leyenda, pero no es posible» y que el coronavirus causante de la Covid-19 es una fabricación humana, obra del laboratorio de Wuhan. Según Montagnier, se trató de una fuga accidental mientras investigaban una vacuna contra el SIDA. El «consenso científico» es que el SARS-CoV2 es «100% natural», derivado de un virus de murciélago, pero a más de un año de haberlo identificado, salvo algunas voces aisladas, a menudos acalladas, no hay una investigación internacional independiente de intereses creados, que pueda darnos certeza sobre el verdadero origen de este virus.
Montagnier concluyó que el virus fue creado en Wuhan por biólogos moleculares que insertaron secuencias de ADN del VIH en un coronavirus como parte de su trabajo para encontrar una vacuna contra el SIDA. De acuerdo con Montagnier: «Ha habido una manipulación del virus: al menos una parte, no la totalidad. Hay un modelo, que es el virus clásico, que proviene principalmente de los murciélagos, pero al que se han agregado secuencias de VIH. En cualquier caso, no es natural. Es el trabajo de profesionales, de biólogos moleculares. Un trabajo muy meticuloso. ¿Con qué objetivo? No lo sé. Una hipótesis es que querían crear una vacuna contra el SIDA». La posibilidad de que el Coronavirus (COVID-19) sea una versión del SARS fabricada en laboratorio para convertirla en un arma biológica, con trazas de VIH, también fue sostenida por el abogado de derechos humanos y experto en armas químicas y biológicas, Francis Boyle.
Varios de los que nos piden que no miremos su dedo, sino la luna, tratando de convencernos de que no es necesario investigar el tema, como Anthony Fauci, director de uno de los Institutos Nacionales de Salud (INS) de Estados Unidos, y Peter Daszak, de la EcoHealth Alliance, han estado involucrados por varios años en la investigación del laboratorio de Shi Zhengli en el Instituto de Virología de Wuhan, China, en un proyecto financiada por el INS para aumentar la infectividad a humanos de un virus de SARS que es el antecedente más cercano que se conoce al SARS-CoV 2 y que bien podría ser ese virus del que en 2015 nos hablaba Maurizio Menicucci en su informe para TGR Leonardo. Desde el comienzo, primero con George W. Bush, luego con Barak Obama y después con Donald Trump, el intrigante Anthony Fauci se las arreglado para mantener posiciones de liderazgo en el sector. En la pandemia, ha sido la persona oficial de referencia. Desde 2003, Fauci lideró programas de biodefensa que manipulaban virus, incluso colectados en China y los defendió frente a la protesta de cientos de científicos que exigieron que esos fondos debían ser para enfermedades que afectaban mucho más a la población del país. En un post de Instagram, Robert Kennedy Jr. expone la complicidad del Dr. Anthony Fauci en el desastre de Wuhan:
«El Daily Mail hoy reporta que ha descubierto documentos que muestran que el Instituto de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) de Anthony Fauci le dio $3.7 millones de dólares a los científicos en el Laboratorio de Wuhan en el centro del escrutinio por la filtración del Coronavirus. De acuerdo con el documento británico, “el subsidio federal financió experimentos en murciélagos de las cuevas donde se cree que el virus se originó”. Antecedentes: siguiendo el brote del SARS coronavirus del 2002-2003, el Instituto Nacional de la Salud (INS) financió una colaboración por científicos chinos, virólogos del ejército de E.U. del laboratorio de bio-armas en el Fuerte Detrick y científicos del INS del NIAID para prevenir futuros brotes de coronavirus al estudiar la evolución de cepas virulentas de murciélagos en tejido humano. Esos esfuerzos incluyeron investigación de aumento de funcionalidad que usó un proceso llamado de “evolución acelerada” para crear los súper bichos de la Pandemia del COVID: mutantes COVID mejorados, nacidos de murciélagos más letales y transmisibles que el coronavirus silvestre. Los estudios de Fauci alarmaron a científicos alrededor del mundo que se quejaron, de acuerdo con un artículo del NY Times de diciembre del 2017 de que “estos investigadores arriesgan crear un germen monstruo que podría escapar del laboratorio y germinar una pandemia”. El Dr. Mark Lipsitch del Centro de Enfermedades Contagiosas de la Escuela de Salud Pública Harvard le dijo al Times que los experimentos del NIAID del Dr. Fauci “nos han dado algo de conocimiento científico modesto y han hecho casi nada para mejorar nuestra preparación para pandemias, y aun así arriesgaron el crear una pandemia accidental”. En octubre de 2014, luego de una serie de accidentes en el laboratorio federal que apenas evitó liberar estos virus mortales diseñados, el presidente Obama ordenó frenar todo el financiamiento federal para los peligrosos experimentos de Fauci. Ahora parece que el Dr. Fauci podría haber evitado las restricciones federales al cambiar la investigación al laboratorio militar en Wuhan. El Congreso necesita lanzar una investigación de los daños de NIAID en China».
Kennedy también expone a dos de los otros supuestos «expertos de salud», en el equipo del expresidente Donald Trump, Robert Redfield y Deborah Birx: «Redfield, Birx y Fauci lideran el grupo de trabajo coronavirus de la Casa Blanca. En 1992, dos investigadores militares acusaron a Redfield y Birx de participar en ‘un patrón sistemático de manipulación de información, análisis estadísticos inapropiados y presentación de información engañosa en un aparente intento de promover la utilidad de la vacuna GP160 AIDS.’ Un tribunal de la Fuerza Aérea encargado de fraude y mala conducta científica concluyó que la información “engañosa o, posiblemente falsa” de Redfield “amenaza seriamente su credibilidad como investigador y tiene el potencial de impactar negativamente la financiación de la investigación de VIH para las instituciones militares como una unidad. Su supuesto comportamiento poco ético crea falsa esperanza y podría resultar en un despliegue prematuro de la vacuna”. El tribunal recomendó investigación por un “cuerpo investigativo exterior completamente independiente”. El Dr. Redfield confesó a los interrogadores de la D.O.D. (Departamento de Defensa de los Estados Unidos) y al tribunal, que sus análisis eran defectuosos y engañosos. Acordó corregirles públicamente. Después, continuó haciendo sus falsas aseveraciones en tres conferencias internacionales de VIH, y se implicó en testimonio ante el Congreso, jurando que su vacuna curaba el VIH. Su maniobra funcionó. Basado en su testimonio, el Congreso se apropió de $20 millones de dólares para el ejército para apoyar el proyecto de investigación de Redfield/Birx. La organización sin fines de lucro Public Citizen se quejó en una carta de 1994 ante Henry Waxman de la Comisión del Congreso de que ese dinero ocasionaba que el Ejército matara la investigación y “blanqueaba” los crímenes de Redfield. El fraude impulsó a Birx y a Redfield a carreras estelares como funcionarios de salud. Documentos obtenidos vía Tom Paine».
Aunque el gobierno chino y la mayoría del establishment político y científico continúa apoyando la historia oficial del inicio de la pandemia en la «sopa de murciélago en el mercado», una buena parte de la opinión pública internacional, los insidiosamente llamados «negacionistas» o «antivacunas», se resiste a aceptar la versión de que el SARS-Co 2 es «100% natural». Como se reportó en el Sunday Times del Reino Unido: «De acuerdo a la encuesta de la Investigación de Pew, sólo 43 por ciento piensan que el virus surgió naturalmente, mientras un 29 por ciento cree que fue creado en un laboratorio». ¿Y por qué no habríamos de creer que el SARS-Co 2, fue creado en un laboratorio cuando existen advertencias previas a la pandemia que ya alertaban sobre esa posibilidad? Desde hace más de una década se han estado usando virus de SARS y MERS (otros coronavirus), recombinándolos en laboratorio, a menudo con sistemas de inteligencia artificial, para producir mayor infectividad en humanos, a ver hasta dónde podrían llegar. Técnicamente, a esto se le llama «ganar funciones» (gain-of-function) para los virus, vale decir, un tipo de mutación en la que el producto génico alterado del patógeno posee una nueva función molecular o un nuevo patrón de expresión génica. Las mutaciones de ganancia de función son casi siempre dominantes o semidominantes. Ocho años antes de la pandemia, Lynn C. Klotz, investigadora principal del Center for Arms Control and Non-Proliferation y miembro desde hace tiempo del Scientists’ Working Group on Chemical and Biological Weapons, había alertado sobre los riesgos de las armas biológicas en su artículo «The unacceptable risks of a man-made pandemic», publicado en el Bulletin for Atomic Scientists. Escribe la Dra. Klotz:
«Un simple análisis matemático da verdaderos motivos de preocupación sobre la manipulación de estos peligrosos virus. Consideremos que la probabilidad de que se produzca una fuga de un solo laboratorio en un solo año es de 0,003 (es decir, el 0,3%), una estimación que es conservadora a la luz de diversas evaluaciones gubernamentales de riesgo para los laboratorios biológicos y de la experiencia real en los laboratorios que estudian patógenos peligrosos. Calculando a partir de esta probabilidad, harían falta 536 años para que hubiera un 80% de posibilidades de que se produjera al menos una fuga en un solo laboratorio. Pero con 42 laboratorios que llevan a cabo investigaciones de PPP en vivo, esta probabilidad básica del 0,3 por ciento se traduce en una probabilidad del 80 por ciento de que se produzca un escape de al menos uno de los 42 laboratorios cada 12,8 años, un intervalo de tiempo menor que los que han separado las pandemias de gripe en el siglo XX. Este nivel de riesgo es claramente inaceptable. (Se puede encontrar un análisis detallado, argumentos adicionales, documentación y justificación matemática de estas conclusiones en el informe de investigación escrito por uno de nosotros, "Sharpening Our Intuition on Man-made Pandemics"). Por muy terrible que sea una pandemia provocada por la fuga de una variante del virus H5N1, es el SARS el que presenta ahora el mayor riesgo. La preocupación no es tanto por la reaparición de un brote natural de SARS como por la posibilidad de que se produzca otra fuga de un laboratorio que lo investiga para protegerse de un brote natural. El SRAS ya se ha escapado de los laboratorios en tres ocasiones desde 2003, y una de ellas provocó varias infecciones secundarias y una muerte».
Señalando que una pandemia producida por seres humanos podría suceder en un máximo de 12 años con 80 por ciento de probabilidades. Ocurrió dos años del tiempo previsto en ese artículo, pero la alerta se encendió cuando ese mismo año en que publicó su trabajo, algunos experimentos que se hicieron para lograr que la gripe aviar infectara hurones (que antes no eran susceptibles a la enfermedad) indignó a una gran cantidad de científicos y en 2014 se suspendieron los programas para este tipo de investigación. Esto precipitó que algunos de los que estaban en este tipo de investigación, como Ralph Baric y Peter Daszak, buscarán más colaboración con laboratorios en otros países, ya que no podían hacerlo en Estados Unidos. Desde entonces, la organización EcoHealth Alliance, que preside Daszak, ha estado canalizando fondos del gobierno de Estados Unidos a varios laboratorios extranjeros, entre ellos el de Wuhan. En referencia a las armas biológicas diseñadas sobre la estructura de la gripe aviar, en un artículo posterior, «The pandemic risk of an accidental lab leak of enhanced flu virus: unacceptably high», publicado el 26 de junio de 2020, también en el Bulletin for Atomic Scientists, la misma autora señala:
«Según la Organización Mundial de la Salud, los virus de la gripe estacional se extienden por todo el mundo en uno o dos años, infectando entre el 10 y el 25 por ciento de la población mundial y causando entre 290.000 y 650.000 muertes. Con una población mundial de unos 8.000 millones de personas, la tasa de mortalidad se sitúa entre el 0,0036% y el 0,0081%. No es de extrañar que la gripe estacional no nos parezca especialmente peligrosa a muchos de nosotros. Es probable que ninguno de nosotros o de nuestros conocidos cercanos muera. En cambio, si el virus de la gripe fuera creado en un laboratorio, se liberara de algún modo fuera del laboratorio en la comunidad, se propagara por todo el mundo y causara entre 290.000 y 650.000 muertes, nos indignaríamos porque algún laboratorio causara esas muertes. ¿Por qué considerar el riesgo de un accidente de laboratorio que libere un virus de la gripe en la comunidad? Porque los científicos de varios países siguen realizando las llamadas mejoras de estos virus en los laboratorios. Aunque no todas las gripes afectan a los humanos, algunos laboratorios han realizado experimentos para modificar los virus de la gripe aviar (o de las aves) con el fin de hacerlos transmisibles a los mamíferos. Cada instalación que lleve a cabo investigaciones con patógenos peligrosos creados en laboratorio debe asumir las consecuencias de cualquier pandemia provocada por su liberación en la comunidad. Hay al menos tres formas de que esto ocurra: 1º.- Una infección adquirida en el laboratorio no detectada o no declarada en la que el trabajador infectado sale del laboratorio y va a la comunidad al final de la jornada laboral. Este es el único escenario de liberación para el que existen datos considerables, por lo que es posible estimar la probabilidad de liberación desde un laboratorio; 2º.- Caracterización errónea de un virus como inofensivo, por lo que se retira por completo de la biocontención o se traslada a laboratorios con niveles de bioseguridad más bajos (por ejemplo, del nivel de bioseguridad 3 al nivel de bioseguridad 2) para su posterior investigación; 3.- Liberación intencionada en la comunidad por un trabajador de laboratorio mentalmente inestable o por alguien con malas intenciones. ¿Por qué crear patógenos peligrosos en un laboratorio? La investigación con virus creados o mejorados en el laboratorio no es rara. De hecho, 14 instituciones de Estados Unidos, los Países Bajos, China y otros países realizan investigaciones sobre influencias aviares altamente patógenas creadas en laboratorio que se han convertido en transmisibles por el aire o por contacto a los mamíferos, o sobre cepas de gripe humana pandémica como la de 1918, a la que las personas pueden ya no tener inmunidad».
Como observan Li-Meng Yan & Adrian David Cheok, coautores del artículo «Unusual Features of the SARS-CoV-2 Genome Suggesting Sophisticated Laboratory Modification as a Biological Robot Rather than Natural Evolution and Delineation of Its Probable Synthetic Route» (2021), publicado en la revista Global Journal of Computer Science and Technology: G Interdisciplinary, la tesis oficialista de que el SARS-CoV-2 tiene un «origen natural y zoonótico (de animales y, en particular, de murciélagos y pangolines)» es apoyada por la mayoría de los expertos, no se sostiene por sí misma, mientras que la teoría alternativa de que el virus pudo proceder de un laboratorio, en vez de ser investigada, está estrictamente censurada en las revistas científicas revisadas por pares, lo que no hace más que reforzar las sospechas de que la tesis oficialista oculta la responsabilidad :
«La pandemia COVID-19 causada por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 ha provocado más de 4,24 millones de muertes en todo el mundo y una diezma sin precedentes de la economía mundial. A pesar de su tremendo impacto, el origen del SARS-CoV-2 ha seguido siendo misterioso y controvertido. La teoría del origen natural, aunque ampliamente aceptada, carece de apoyo sustancial. Sin embargo, la teoría alternativa de que el virus pudo proceder de un laboratorio de investigación está estrictamente censurada en las revistas científicas revisadas por pares. No obstante, el SARS-CoV-2 muestra características biológicas que no son coherentes con un virus zoonótico de origen natural. En este informe, describimos las pruebas genómicas, estructurales, médicas y bibliográficas que, consideradas en conjunto, contradicen fuertemente la teoría del origen natural. Las pruebas demuestran que el SARS-CoV-2 debe ser un producto de laboratorio creado utilizando los coronavirus de murciélago ZC45 y/o ZXC21 como patrón y pilar».
Tal vez haya quienes crean que no deberíamos de preocuparnos mucho, dado que contamos con una superproducción de vacunas anti-COVID, pero si se tiene en cuenta que estas vacunas están financiadas por los magnates tecnológicos, el gobierno chino, la industria farmacéutica y la Fundación de Bill y Melinda Gates o, probablemente, algunos de los mismos ingenieros que convirtieron en arma biológica el coronavirus, el panorama futuro se torna preocupante.
Pero volviendo a Between, no vi esta serie en Netflix cuando se estrenó en 2015, sino durante la cuarentena de 2020. Si bien desde el punto de la narrativa ficcional tiene un argumento bastante trillado, a saber: el exterminio de la humanidad por alguna catástrofe natural o generada artificialmente, lo que más me impresionó de esta serie es que el escenario descrito en la serie parecía un calco de la realidad, por lo que supuse que su director y guionista Michael McGowan estaba al menos en posesión de cierta información sobre los proyectos eugenésicos de algunos magnates tecnológicos que se proponen reducir la población mundial mediante el uso ilegal de armas biotecnológicas. Como dijimos al comienzo, a la elite global le encanta anticipar sus planes, sea a través de las novelas distópicas y de películas de ciencia ficción o por las portadas de la revista The Economist o una charla TED. Sin embargo, a veces también pueden presentarse bajo la forma de un memorando de estudio de Seguridad Nacional o de informes ambientales o económicos. Pocos meses antes de la renuncia de Richard Nixon a la presidencia, el 9 de agosto de 1974 tras el escándalo Watergate, la Secretaría de Estado comandada por Henry Kissinger entregó a la Casa Blanca el NSSM 200 o National Security Study Memo 200, un extenso análisis de la situación demográfica mundial que ofrecía, como solución para la estabilidad de los intereses de Estados Unidos, un extenso control de los recursos naturales no renovables, el control de natalidad y la producción de alimentos. En 2012, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, publicó un informe donde se exponía que las personas de la tercera edad representaban «un riesgo financiero» para la economía global. Para la entonces titular del organismo económico resultaba clave combinar el «aumento en la edad de jubilación y de las contribuciones a los planes» de pensiones con «recortes de las prestaciones futuras». El envejecimiento de la población, asegura, debe ser contrarrestado con tiempo para que no afecte a la estabilidad financiera, pública y privada. Instaba a tomar medidas enérgicas para hacer frente a este problema. El Fondo Monetario Internacional reconoce que aunque los Gobiernos y el sector privado se han estado preparando para las consecuencias financieras del envejecimiento de la población, se han basado en proyecciones demográficas de base que han subestimado constantemente cuántos años vive la gente. Ocho años después, de manera misteriosa, como en Between, se desata una epidemia que resulta más letal en los ancianos que en los jóvenes. Todo esto nos lleva a preguntarnos si el coronavirus es un arma biológica. Es posible que la pandemia del SARS-CoV-2, como el misterioso virus que causa estragos en mayores de veintidós años en Between, sea la puesta en escena de un proyecto de reingeniería social para medir la capacidad de reacción de los aparatos estatales de salud, de la modificación en las dinámicas interpersonales o de cuán lejos pueden llegar los seres humanos sometidos a situaciones de enorme estrés.
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